28 enero 2013

El artista y la modelo

Hasta el último momento estuve dudando si ir a ver El artista y la modelo (ídem, 2012), a ratos deseaba verla y al instante me decía que no. Lo que me hacía recular era que buena parte de los comentarios que leía por la Red decían que se trataba de una película lenta, y no tenía ganas de aburrirme; y lo que hacía querer verla era el recuerdo de Chico y Rita, el anterior film de Fernando Trueba, y un reparto muy interesante con Jean Rochefort y Aida Folch a la cabeza, y que encima estaba de secundaria Chus Lampreave, actriz que siempre me ha caído simpática. Obviamente venció mis ganas de verla.

Mercè es una jovencita exiliada de la guerra franquista que ha escapado del campo de refugiados, un día tiene la suerte de toparse con Léa y María, que deciden llevarla a su casa, proponiéndole allí trabajar como modelo para el marido de la primera, un famoso escultor.

Sinceramente, no entiendo a quienes opinan que El artista y la modelo es una película lenta. Es un film pausado, que no es lo mismo, y lo es claramente por pura necesidad. La historia de cómo un escultor intenta realizar su obra magna necesariamente debe de tener un montaje que no implique aceleración ni apresuramiento, pues ninguna obra de arte se crea con prisas (excepto, quizás, ese dibujo de Rembrandt que tanto admira el protagonista). Personalmente desde la primera escena, donde podemos ver al escultor, Marc Cros se llama, dar un paseo matutino, me encandiló, y durante la más de hora y media de metraje en ningún momento se me pasó por la cabeza una pregunta muy peligrosa en un cine: ¿qué hora será? Y eso lo consigue Trueba con un film muy austero, en perfecto blanco y negro, unos decorados bucólicos, pocos personajes y parcas palabras, y, un detalle bastante llamativo en estos tiempos, la ausencia casi total de banda sonora. Esto último hay que destacarlo, puesto que la música es fundamental para manipular al espectador, muchos son los filmes en que se la usa, por ejemplo, para hacer que lloremos a moco tendido, o para que nos agarremos al brazo de quien nos acompañe; sin embargo, en esta película el realizador de Belle Époque logra transmitirnos muchas cosas, incluso emocionarnos, sin utilizarla, salvo en un momento final notablemente dramático.

El guion, por cierto, lo ha escrito Fernando Trueba junto con Jean-Claude Carrière, y ciertamente han logrado forjar una gran pequeña historia con escenas verdaderamente bellas, como las dos en las que Mercè y Marc trabajan al aire libre, o esa en la que un oficial alemán va a visitar al escultor; además de los instantes cotidianos del inicio del film, u otros que acaecen al avanzar la historia, como el momento de la despedida (muy emotiva esta escena).

El veterano Jean Rochefort (No se lo digas a nadie), como ya he apuntado antes, encabeza un reparto no muy amplio. El intérprete francés realiza un trabajo verdaderamente redondo, mostrándonos a un personaje taciturno y un tanto solitario, harto del mundo pero obsesionado con la belleza que lo rodea y con la idea de realizar una obra que sea única; Aida Folch (Los lunes al sol) borda también su papel, que es el contrapunto perfecto para el de Rochefort, una joven quizá un tanto perdida y herida por la Guerra Civil, pero vitalista y con ganas de ayudar a quien lo necesite; la gran Claudia Cardinale (Hasta que llegó su hora) tiene un papel secundario pero cuyas apariciones dejan huella, realmente está fantástica; Chus Lampreave (Hable con ella) es el personaje quizá menos trascendente para la historia, pero también el que da más notas de humor, personalmente verla trabajar todavía me ha alegrado. Hay algunos personajes más, como Werner, el oficial nazi, al que da vida Götz Otto (Los pilares de la Tierra), y que protagoniza uno de los momentos más interesantes del film; o Pierre, al que da vida Martin Gamet, un maqui solitario.

Uno se olvida pronto de la (estupenda) desnudez de Aida Folch para quedarse con una historia que está magníficamente contada. La búsqueda de una idea, de ese momento cuando un artista ve claro lo que tiene en mente pero que sus manos son incapaces de trasladar; al final de El artista y la modelo todo el camino transitado por los personajes hacen que cambien, y el espectador también, se sale de la sala con sensaciones positivas, satisfechos con los visto y con un cierto toque amargo, como si hubiéramos terminado algo con lo que llevásemos mucho tiempo trabajando.



LO MEJOR:
-El reparto, destacando Jean Rochefort y Aida Folch.
-El blanco y negro le sienta francamente bien. 
-Que está bien escrita y dirigida.

LO PEOR:
-Que digan que es lenta.
-Que no fuera seleccionada por la Academia española para ser candidata a los Oscar. Me ha gustado (mucho) más que Blancanieves (que finalmente no ha sido nominada).

¿Quién debería verla?
Quien guste de un cine que se para en los detalles.

¿Y quién no?
Todo aquel que vaya con prisas.

Los Goya:
Es una de las películas favoritas para los Premios Goya con 13 nominaciones. Personalmente me gustaría que triunfara, a  mi modo de ver es superior a la mencionada Blancanieves y a Grupo 7. Ahora que se han reestrenado las tres, recomiendo su visionado.

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