02 junio 2016

Mañana

Mi intención era no escribir esta reseña, quizá porque esperaba que el filme dirigido por Cyril Dion (activista) y Mélanie Laurent (sí, una de las protagonistas de Malditos bastardos y también realizadora de filmes como Respire y Les adoptés) me resultara un paseo interesante sobre soluciones a los problemas que nos acucian cada vez más, pero un paseo que finalmente me fuese tan estimulante como las noticias de cada día. Lo que viene siendo un hecho reiterativo.

La historia arranca tras un informe publicado en la revista Nature en 2012, donde 21 científicos alertaban de que el mundo se va al garete a finales de este siglo si no hacemos algo para impedirlo. Es entonces cuando Mélanie y Cyril se ponen en contacto y buscan una manera de hacer algo, pidiendo antes consejo a un señor (no recuerdo su nombre) que les dice: la gente está harta de que les anuncien catástrofes, sin embargo no hay historias que traten sobre las soluciones. Así que ni cortos ni perezosos van alrededor del mundo (EEUU, Islandia, Gran Bretaña, India, Finlandia...) en busca de remedios o alternativas que ya se están aplicando con éxito.

Huertos urbanos, monedas locales complementarias, educación de calidad (enseñar a pensar por uno mismo) no masificada, cooperación y convivencia, agricultura ecológica (y permacultura), energías renovables y generación eléctrica distribuida, ciudades más verdes y habitables (pensadas para las personas y no para los coches)..., son algunos de los ejemplos que se muestran a lo largo de las casi dos horas que dura Mañana (Demain, 2015), estructurado todo ello en cinco capítulos (agricultura, energía, economía, democracia y educación). Ejemplos que dan pie a la esperanza, que es sin duda una de las cosas que pretende el film, pero que no invita a la complacencia del espectador, sino más bien a la agitación del mismo.
Y es que, si bien se le dedica la mayor parte del tiempo a hablar de las iniciativas que se están llevando a cabo, los minutos que están centrados en los problemas en sí (como ese prólogo donde hablan dos de los científicos participantes del estudio de Nature), no es que pongan las cosas fáciles al espectador, cualquiera con dos dedos de frente se preocuparía ante los hechos explicados, son por momentos aterradores y, desde luego, indignantes, puesto que parece que desde arriba no hay intención auténtica de cambiar las cosas, que se ha instalado una ceguera tal que quieren proseguir hacia el abismo en pos de mayores beneficios (o quizá es que piensen que el dinero y el poder los hace indestructibles).

Estando en un punto en que una gran parte de la ciudadanía ha tomado conciencia de que el sistema no es tan bueno como creíamos, de hecho, hemos tomado conciencia de que, al contrario de lo que nos decían en la escuela, este sistema no puede ser el “menos malo”; de que el crecimiento eterno es un absurdo insostenible, y de que cada vez tenemos menos control sobre nuestro futuro; que desde la política se escucha más a las grandes empresas que al pueblo soberano, que se sirve por tanto a los intereses empresariales y cada vez de forma más descarada (ahí están el CETA y el TTIP por si no nos había quedado claro). En definitiva, que el capitalismo es una falacia y que a los de arriba no les mueve el interés general sino el particular (el suyo, obviamente), y que hacen y harán todo lo que puedan para que la cosa siga igual o vaya a peor (que es sinónimo de mejor para ellos, obviamente también), o si no recordad la tan cacareada “refundación del capitalismo”.

Pero no, no está todo perdido, ya hay muchas voces aunque todavía hacen falta más, y más acciones e iniciativas que sigan abriendo brecha, y eso es lo que pretenden Cyril Dion y Mélanie Laurent con Mañana, remover conciencias a la par que inspirar a más personas a unirse a cambiar no ya el mundo, sino a cambiar su barrio y su ciudad para así, entre todos, cambiar el mundo. Mañana es un buen día para comenzar.


LO MEJOR:
-Que te remueve del asiento, no te deja tranquilo y te anima a actuar y a pensar de forma diferente.
-Y lo hace de forma muy amena, sin caer en el “buenrrollismo” ni en el catastrofismo total.
-Los capítulos de agricultura (muy sorprendente la permacultura), energía y economía, son los que me han resultado más estimulantes.

LO PEOR:
-La última parte, dedicada a la educación, se me hizo menos entretenida.
-Que todavía haya gente que no se convenza de que hay que cambiar las cosas, y de que el cambio debe empezar por nosotros mismos.

¿Quién debería verla?
Cualquiera mínimamente preocupado por su futuro y el de los que vendrán después, los gobernantes (desde el ayuntamiento más minúsculo a la Casa Blanca).

¿Y quién no?
¿Los señores del Ibex 35?

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