07 septiembre 2017

La gran belleza

Tres son los motivos por los que decidí ver La gran belleza (La grande bellezza, 2013). El primero, en orden cronológico, porque leí buenas impresiones del filme de Paolo Sorrentino de más de un tuitero cinéfilo que sigo; el segundo, porque consiguió el Globo de Oro a mejor película de habla no inglesa, arrebatándoselo a la maravillosa La vida de Àdele y al último largometraje de Hayao Miyazaki; y tercero, porque era miércoles y la entrada costaba menos de cuatro euros. Y nada más, fui al cine sin tan siquiera leer la sinopsis y, la verdad, tampoco creo que eso hubiese cambiado nada.

Jep es un periodista de éxito que pasa las noches de fiesta y vagabundeando hasta que amanece.

La gran belleza destaca por ser, precisamente, un film cargado de muy bellas imágenes. La realización de Sorrentino y una magnífica fotografía hacen muchos de sus pasajes un placer para la vista. Si embargo, está claro que lo que le interesa mostrar al director de Un lugar donde quedarse es la parte más oscura de la sociedad y del ser humano. Ninguno de los personajes que pueblan el film, incluido el protagonista, dejan de ser seres un tanto apocados, esnobs e incluso mezquinos, personas en busca de un súmmum inalcanzable, cansadas de la vida.

La película es un cúmulo de episodios, vemos como Jep Gambardella va a fiestas o las celebra en su casa, conversa con sus supuestos amigos, tiene éxito con las mujeres, todo ello salpicado con hermosos planos de estatuas y monumentos... Y así durante dos horas y media. Muchos de esos episodios son soberbios, sea por los diálogos (repletos de cinismo y amargura) o por el sentido del humor (aparte del estético); sin embargo hay otros muchos (más que los primeros diría yo) que, simplemente, acaban cansando, quedándose uno en ocasiones sin saber hacia dónde quiere ir el realizador y guionista, habiendo momentos incluso en los que dan ganas de dejar de seguir viendo el filme.

No soy un gran conocedor del cine italiano (y mira que es un país donde se han hecho grandes películas), por tanto tampoco lo soy de sus intérpretes. A Toni Servillo, sin embargo, sí recuerdo haberlo visto en No mires atrás, donde también destacaba por su buena labor. También señalaría la labor de Carlo Verdone (Enemigos íntimos); la exhuberante Sabrina Ferilli (La bella vita), cuyo personaje desaparece abruptamente sin tener uno muy claro por qué; y Galatea Ranzi (Água e Sal).

Está claro que Sorrentino no quería ponérselo fácil al espectador, no es La gran belleza una película para todos los gustos, tiene instantes realmente divertidos con otros que invitan a salir corriendo de la sala. No obstante en conjunto es un filme interesante, aunque, por qué no decirlo, quizá caiga en lo que pretende criticar.


LO MEJOR:
-La fotografía y la realización, así como la música.
-Toni Servillo y su cínico personaje.
-Un sentido del humor notablemente refinado.

LO PEOR:
-Es larga, su carácter episódico hace que en ocasiones se haga pesada.

¿Quién debería verla?
Si buscas un cine crítico y que cuenta las cosas de manera poco convencional.

¿Y quién no?
Quien no tenga cierto recorrido con filmes alejados del cine comercial, sea este americano o europeo.

2 comentarios:

Chechu Rebota dijo...

La vi el domingo pasado y me pareció maravillosa, tremendamente humana y triste a la hora de mostrar la vida de un grupo de personas vacías y pérdidas, pero también furiosa y crítica cuando refleja el arte moderno o contrapone los restos de la Roma antigua a la Italia frívola y desorientada de Berlusconi.

Neovallense dijo...

Me alegra que hayas visto todo eso en el filme y te lo haya transmitido también. A mí, como puedes apreciar en la reseña, no me logró transmitir todo eso, de ahí que quizá que ni se me pasara por la cabeza ver "La juventud".

Quizá algún día le dé otra oportunidad, pero no será pronto.

Un saludo, y muchas gracias por tu comentario, Chechu ^^

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