21 abril 2016

El recuerdo de Marnie

Con la perspectiva que da el tiempo y los revisionados, he de decir que sobrevaloré la primera película de Hiromasa Yonebayashi. Ahora releo la reseña de Arriety y el mundo de los diminutos y me provoca un poco de rubor, sobre todo por la utilización de algunos adjetivos, que además se reiteran en reseñas de otras cintas de Ghibli, pero en estas con (más) razón. Tampoco estoy afirmando con este mea culpa que el debut en la realización de Yonebayashi fuera catastrófico o que ya no me guste (sigue siendo una buena película), simplemente que en el momento de la escritura de aquella opinión me faltó un poco “despegarme” de su procedencia, meterme más en la piel de “crítico” que en la de aficionado (o directamente fan de Ghibli).

Una vez dicho esto, puedo ponerme a escribir tranquilo sobre el segundo film de su director, que ayer (a la hora de escribir estas líneas) se estrenó en unas pocas salas junto con la muy esperada El cuento de la princesa Kaguya (que visionaré esta noche sin falta), y lo haré sin pensar en el lector que no la haya visto, así que avisado queda de que es muy probable que a lo largo de la reseña haya más de un destripe importante.

Anna es una niña de 12 años que vive un tanto aislada de todos, que no es feliz por algún motivo que se guarda para sí. Un día sufre un fuerte ataque de asma durante una clase y su madre adoptiva, Yoriko, preocupada y aconsejada por su médico, decide enviarla a casa de unos parientes, que viven en un pueblo cerca de un pantano. Anna acepta este cambio sin rechistar, con resignación, y pasa los días evitando a los habitantes del lugar y dibujando una mansión, situada a la otra orilla del pantano, que desde la primera vez que la ve le resulta familiar y le provoca fascinación. Una noche, tras un episodio un tanto violento con una lugareña, se encuentra en la orilla una barca y decide subir a ella y acercarse a la mansión; allí le espera Marnie, la misteriosa chica que se le ha aparecido en sueños, y de la que inmediatamente se hace amiga.

Basada en la novela Cuando Marnie estuvo allí, de Joan G. Robinson, y con un libreto escrito por Keiko Niwa, Masashi Ando y el propio Hiromasa Yonebayashi, El recuerdo de Marnie (Omoide no Mânî, 2014) es la última película que realizó el Studio Ghibli antes de anunciar su parón para su reestructuración y, como en el que fuera el debut de su director, se trata de un film con un deje de tristeza muy importante (en aquella ocasión personalizado en la figura de Shô), pero en esta obra si cabe más acentuado ya que desde la primera vez que habla la protagonista (que ocurre nada más empezar la historia), Anna, deja claro de que algo no está bien en su interior.
El viaje para reencontrase con uno mismo, alcanzar la paz interior, es un elemento recurrente en el cine y la literatura. Aunque aquí Yoriko envíe a su hija adoptiva al campo por motivos de salud, el espectador es consciente de que los problemas de la protagonista no son tanto referentes a su estado físico como a su estado mental, su tristeza y apatía, en definitiva su estado depresivo. Y al poco de esa mudanza temporal de hogar se percibe en Anna un cambio, el hecho de alejarse de Yoriko, a la que llama tía, parece que supone un alivio para ella; y al descubrir la enigmática mansión, la familiaridad que para ella desprende, hace que aumente su curiosidad hacia el viejo edificio, y al acercarse, al fisgar su interior, despierta algo latente en ella que le hace soñar con una misteriosa niña de cabellos rubios. Será la primera vez que ve a Marnie.

La segunda vez que ve a Marnie, esta le pide que tire la cuerda para amarrar la barca y, después, le tiende la mano. Este gesto, para mí, explica el porqué de la aparición de la chica: ayudar a Anna a levantarse. De la soledad autoimpuesta, de la tristeza, no se sale solo, así que es por ello que Anna, al descubrir un lugar que pertenece a su pasado aunque no lo recuerde y, quizá, ayudada por viejos fantasmas (en la novela original así creo que es), se inventa una amiga ideal, con una desdicha similar, con padres pero sin padres, para verse reflejada en ella, para tener donde apoyarse y levantarse, como así ocurre al final de la historia, donde ambas se cuentan sus secretos, siendo cada una un reflejo de la otra.

Cuando la pintora le cuenta a Anna y Sayaka la historia de Marnie, se ve claramente que la protagonista era nieta de esta última, además se sobreentiende (por su gesto y por el montaje) que Anna también se ha dado cuenta de ello; así que sorprende un poco que cuando Yoriko va en su búsqueda y le enseña una vieja foto de la mansión, la fotografía que no soltaba cuando fue adoptada, que la protagonista parezca asombrarse por ello. Ahí el relato resulta sobreexplicado, el espectador sabe que eran familiares. Lo que sí resulta lógico es que el hielo se quiebre y Anna se eche a llorar, puesto que su madre adoptiva le ha dado la clave que aclara su pasado, cerrando el círculo con ello.

Es este tramo final, y alguna arritmia intermedia, lo que podríamos catalogar como las partes más flojas del film, por lo demás estamos ante una buena película, con una buena animación (no al nivel de las grandes películas de Ghibli por tiempo y presupuesto) y unos escenarios detallados, preciosistas y bucólicos, en la línea de otros trabajos del estudio; además, la música es un perfecto acompañamiento a las imágenes (no abusando en esta ocasión del uso de temas cantados, habiendo solo una, muy bonito, en los títulos de créditos).

Poco a poco Yonebayashi parece que está labrando su estilo, siguiendo la estela de sus maestros pero aportando su granito de arena. Por mi parte espero ver más películas suyas.


LO MEJOR:
-Esa conseguida atmósfera de tristeza y melancolía.
-Como siempre, los detalles y el colorido de los escenarios, la animación...
-La banda sonora de Takatsugu Muramatsu, así como la canción de los créditos finales de Priscilla Ahn.

LO PEOR:
-Se explica de más al final, nada más la pintora contó la historia de Marnie, se sabía que Anna era su nieta, por lo que lo que viene después, tal y como está contado, resulta redundante.

¿Quién debería verla?
Creo que no hace falta ni decir que todo el que guste del cine Ghibli, el anime y el buen cine en general.

¿Y quién no?
Es un filme pausado, y es un drama, así que quien espere algo así como “Las alegres aventuras de Marnie y sus amigas”, mejor que reflexione un poco (y se decida por verla, pero sabiendo de qué tipo de obra se trata).

4 comentarios:

Chechu Rebota dijo...

Coincido contigo en que se abusa de la sobreexplicación y que el final es algo brusco, pero por lo demás me gustó mucho, no será de mis favoritas del estudio, pero me parece arriesgada por la manera en la que aborda la depresión de Anna y la evolución del personaje.

Neovallense dijo...

Sin duda no es perfecta, pero afronta el tema de una forma madura sin quitar ojo a su supuesto público objetivo, que es muy joven, dando un resultado muy interesante. Esperemos que Yonebayashi pueda seguir progresando como realizador y nos depare más de una sorpresa en el futuro.

Saludos, Chechu, y muchas gracias por opinar ^^

Javier Ramírez dijo...

Buena entrada me a gustado mucho vengo siguiendo a Chechu y te encontrado a ti te pongo el enalace de la entrada que le dedique yo a ella coincidiendo con su estreno en España. Saludos buen blog.

http://ideasdelacienciaficcion.blogspot.com.es/2016/04/el-recuerdo-de-marnie-cuando-marnie.html

Neovallense dijo...

Me alegra de que te haya gustado la entrada :)

Le echaré un ojo a tu opinión ^^

Gracias por comentar.

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