Me encantan el cine catastrófico y las historias que transcurren en futuros oscuros y distópicos, disfruto con casi todas ellas pero, hace un tiempo, quizás cuando vi Tomorrowland: El mundo del mañana, llegué a la conclusión de que ser constantemente bombardeado por este tipo de mensajes catastrofistas, aun siendo pura ficción, quizás nos lleve a, como sociedad, sentir como inevitable que nos dirigimos al abismo. Por eso, pensé, hay que creerse que un futuro luminoso es posible para poder imaginar tiempos venideros que no terminen con el fin de la civilización o, aun peor, con la extinción.
En eso pensaron Greenpeace y Astiberri, que reunieron a un intrépido número de guionistas y dibujantes con la inaudita idea de proyectar un mundo donde el centro no sea la economía, sino las personas, y donde la economía gire alrededor de las personas y tenga en cuenta los límites planetarios...
En eso pensaron Greenpeace y Astiberri, que reunieron a un intrépido número de guionistas y dibujantes con la inaudita idea de proyectar un mundo donde el centro no sea la economía, sino las personas, y donde la economía gire alrededor de las personas y tenga en cuenta los límites planetarios...





