25 junio 2015

Hokusai, de Shôtarô Ishinomori

Shôtarô Ishinomori es uno de los grandes autores del cómic japonés, pero a pesar de ello es un gran desconocido. De hecho, a día de hoy, en España solo se ha publicado la secuela de una de sus obras más famosas, Kikaider, su versión sobre la vida del famoso samurái, Musashi, y el manga al que dedico estas líneas, biografía del celebérrimo autor nipón.

Por mi parte, hacía tiempo que tenía ganas de hincarle el diente a algo del creador de Cyborg 009, pensé en su momento adquirir Kikaider Code 02 que publicó Planeta, pero lo dejé pasar, además de que no es una obra de Ishinomori. Así que cuando EDT publicó Hokusai, me llevé una pequeña alegría pero, aún así, dudé un rato antes de agenciármelo (la economía, la economía...). Una vez en mi colección, lo dejé aparcado más de un año (me lo compré en el Expocómic 2012) hasta al fin encontrar la tranquilidad y el tiempo que necesitaba para dedicarle al volumen de seiscientas páginas.

Desde muy tierna infancia, Katsushika Hokusai (nacido como Tokitaro, y que adoptó una innumerable lista de nombres a lo largo de su prolongada vida) sintió fascinación por el dibujo, dedicando toda su existencia a crear su propio estilo, reinventándose en innumerables ocasiones.

Hokusai comienza con un cliffhanger. El maestro pintor está en sus últimos momentos, pide papel y pincel e intenta dibujar sin éxito, llora de frustración para a continuación echarse a reír... ¿Por qué ríe?, se preguntan los presentes y el lector. El motivo solo lo conoceremos al final de la historia, pero durante el largo y emocionante recorrido nos olvidaremos de la pregunta para caer en la fascinación por el personaje al que (re)crea con maestría Shôtarô Ishinomori. Y es que solo un genio puede devolver la vida a otro tal y como lo hace Ishinomori, su Hokusai resulta un personaje fascinante, un hombre obsesionado por la pintura hasta tal punto de querer empezar desde cero cada vez que siente que se ha anquilosado, cambiando de nombre e insistiendo (con irregular éxito) de que los demás lo traten con su nueva denominación. Un personaje, como digo, que vive para su arte, pero también un tipo con una peculiar filosofía sobre la vida, mujeriego y juerguista casi hasta sus últimos días. Así, Ishinomori narra de forma no lineal las experiencias de este artista, desde su infancia hasta el instante mismo de su muerte, recreándose en aquellos capítulos más curiosos e interesantes, cada uno de ellos centrados en un momento de su vida y obra.
El estilo de Ishinomori, en lo que se refiere al dibujo, es limpio y detallista, con unos entornos realistas y raramente usando fondo blanco. El diseño de personajes, con claras influencias del Osamu Tezuka maduro, me encanta, estando a medio camino de los autores más clásicos como el mencionado Tezuka y lo que se podría considerar como manga “moderno”; muy destacable es ver cómo cambia el aspecto del protagonista en las diferentes etapas de su vida, cuya fisionomía refleja claramente su actitud, su psicología. Llama especialmente la atención que el estilo empleado en los capítulos 7 y 9, en lo que se refiere a los personajes y a Hokusai en particular, sea notablemente distinto que en el resto, es como si el autor lo hubiera hecho con prisas, empleando líneas más sencillas y finas que en el resto del tomo.

En cuanto a la edición, salvo una gran falta de ortografía (de las que Marc Bernabé, traductor de la obra, suele colar de cuando en cuando) estamos ante un magnífico volumen. Editado con el formato de la colección seinen de la fenecida editorial EDT, buen papel e impresión; con sobrecubiertas de papel apergaminado (no se me ocurre otra denominación para describirlo), más grueso de lo habitual y, al final del tomo, un breve artículo sobre Hokusai con imágenes a color. Todo ello por 15 euros, un muy buen precio a mi juicio (aunque lo mismo en la actualidad se puede conseguir más barato...).

Hokusai es un manga harto recomendable para todo ferviente lector de sienen, y muy especialmente para aquellos que sientan especial predilección por la historia y el arte del país del sol naciente. Quien se sumerja en sus páginas encontrará no solo la visión sobre un genio, sino también un puñado de la historia del arte japonés, narrada con gran soltura por uno de los autores de cómic nipones más influyentes.


LO MEJOR:
-La gran capacidad de Ishinomori de dibujar un personaje genial y excéntrico, así como de narrar la historia de toda una vida.
-El gran dibujo, a pesar de ese cambio estilístico en los capítulos 7 y 9.

LO PEOR:
-No entiendo ese cambio de estilo en los dos mencionados capítulos, aunque la historia no se resiente en absoluto.

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