16 agosto 2015

San Andrés

Ray ha realizado a lo largo de su carrera más de seiscientos rescates, pero ahora se enfrentará a su mayor reto: salvar a su hija del terromoto más grande que se haya producido en la historia de San Francisco y del mundo.

Como ya he afirmado en innumerables ocasiones, me encanta el cine de catástrofes, es un subgénero del que disfruto porque me gusta el cine épico, ver cómo se destruye en la ficción una ciudad o medio mundo; ser un observador del apocalipsis, con los pequeños dramas humanos consecuencias del mismo. Es por ello que San Andrés (San Andreas, 2015) cumplía ampliamente los requisitos para ser una de las películas que viera en pantalla grande, y así fue.

Esta es la primera gran superproducción donde Dwayne Johnson (Hércules) es la gran estrella, de hecho al inicio de la cinta juegan un poco con su aparente ausencia, como queriendo generar expectación ante la más que previsible aparición del musculado actor, por lo que se puede considerar como una prueba para comprobar si su mera presencia es suficiente como para atraer a una masa crítica de público..., y parece que no la ha superado (superando en la taquilla mundial los 400 millones). A pesar de que su imponente presencia es un activo más del film de Brad Peyton (Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa), poco puede aportar ante un guion, obra de Carlton Cuse (Bates Motel), que sigue fielmente el esquema del cine catastrofista de los setenta y, por lo tanto, plagado de lugares y personajes mil y una veces vistos.

Lo peor de la película está en los personajes y sus dramas. Que si el matrimonio roto por una tragedia familiar, que si la buena hija que sufre dicha ruptura, a los que se les une el nuevo (y millonario) novio de mamá (que genera celos al ex, obviamente), el niño repelente y su hermano buena gente, el científico al que nadie hace caso... Microdramas pre-catástrofe que están ahí para hacer que el público sienta una mayor empatía con los personajes, y que al ser tan vistos lo único que causan es cierto sopor y sensación de déjà vu.
Lo que sí que perdono algo más es que no sorprenda el desastre natural. Quizá es que hemos visto demasiadas veces cómo una ciudad es arrasada por la fuerza de las placas tectónicas u otro fenómeno (sísmico o no), e incluso llego a perdonar muchas de las típicas situaciones que vemos durante el transcurso del mismo. Por suerte no todo resulta tan poco imaginativo, hay una secuencia sobre el agua, que marca el principio del desenlace, en la que el film sube (y nunca mejor dicho) enteros y es cuando, verdaderamente, empieza a ser el divertimento que debería haber sido desde el principio.

Los otros rostros que acompañan a Johnson son el cada vez más plastificado cutis de Carla Gugino (Watchmen) como la ex del prota, Paul Giamatti (Cold Souls) como el científico (que nunca o casi falta en este tipo de producciones), la exhuberante Alexandra Daddario (True Detective, La matanza de Texas 3D), Ioan Gruffudd (Los cuatro fantásticos) como el novio, Will Yun Lee (Lobezno Inmortal) como el ayudante y mejor amigo del científico, Art Parkinson (Drácula: La leyenda jamás contada) como el niño que intenta caer simpático, Hugo Johnstone-Burt (Miss Fisher's Murder Mysteries) como el pringado que no lo es tanto, Archie Panjabi (The Good Wife) es la periodista que congenia con el bueno del científico y Kylie Minogue (Holy Motors) es la, no podía ser de otro modo, horrible hermana del nuevo novio.

Como creo que ha quedado claro, lo malo de San Andrés son los tópicos que arrastra, muy especialmente en los personajes, tampoco ayuda su tufillo conservador (lo del patriotismo final, con banderón incluido, a estas alturas se sobrelleva); sin embargo no todo es negativo, puesto si bien el drama familiar es de TV-Movie de sobremesa, a la hora de destrozar cumple bien su función y, una vez alcanza el emocionante y divertido mencionado punto, mola bastante.


LO MEJOR:
-El desastre generalizado.
-El tsunami y la carrera de todo tipo de embarcaciones.
-A partir de la mencionada ola la historia cobra mayor interés, haciéndose más divertida.

LO PEOR:
-La originalidad brilla por su ausencia.
-El doblaje es muy mediocre.
-Paul Giamatti, este tío lo sabe hacer mucho mejor.
-Carla Gugino debería abandonar la cirugía estética (y/o el botox) antes de que sea tarde.
-El tufillo conservador-aleccionador en torno a la familia.

¿Quién debería verla?
Quien guste del cine de catástrofes tiene aquí otro filme más que ver, aunque funcione a base de tópicos.

¿Y quién no?
Sobre todo, quien espere personajes elaborados.

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