20 diciembre 2018

Ghost in the Shell: El alma de la máquina

Ghost in the Shell: El alma de la máquina (Ghost in the Shell, 2017) era probablemente uno de esos proyectos tan esperados como temidos. Esperados porque siempre (o casi) gusta ver trasladadas a imagen real aquellas historias que han resultado paradigmáticas, que han impactado y creado culto a su alrededor, como así ha pasado con el manga de Masamune Shirow y, sobre todo, con la adaptación que del mismo hizo Mamoru Oshii, que dejó pasmado a todo diox a mediados de los años noventa; y temidos porque no sería la primera vez que partiendo de un material con mucha enjundia, Hollywood o aledaños perpetraran una esperpento que nada tiene que ver con el material original.

Nos encontramos en un futuro próximo, las mejoras cibernéticas son algo cada vez más común y todo el mundo parece querer llevar una ampliación de memoria, un hígado electrónico o unos ojos artificiales. La Mayor es una ciborg completa, solo conserva su cerebro y fantasmas como recuerdos, su cuerpo pertenece a una poderosa empresa y a la Sección 9, un grupo de élite que lucha contra el terrorismo cibernético.

Un servidor se sumaba al interés por ver la tan cacareada (con permiso de Akira) adaptación del célebre manga y anime, aunque mi mayor razón para mantener la cautela era el hecho de que Rupert Sanders, director de la mediocre Blancanieves y la leyenda del cazador, era el encargado de llevarla a puerto. Lo que sí que tenía claro, por las pocas imágenes que no pude evitar ver, era que visualmente iba a ser destacable, aunque es cierto que tampoco sorprende; logra trasladar muy bien lo que hemos visto en las magníficas Ghost in the Shell y Ghost in the Shell 2: Innocence, con una ciudad con multitud de detalles (anuncios por todos lados, el elefante sobre uno de los edificios...), además de calcar algunos de los planos (muy destacable ese avión con alas similares a las de un pájaro que sobrevuela entre dos edificios).
Sin embargo donde cojea, por suerte no tanto como para hacerla caer, es en otros aspectos que nada tienen que ver con la imagen pero que no dejan de ser muy importantes. Y es que la crisis existencial de la Mayor, y el dibujado de los personajes en general, tira por lo simple (la protagonista mirando un androide al que ha 'matado' y Batou le dice: “no eres como ellos”), no se percibe paso a paso, sino que se muestra de una forma un tanto burda, de hecho se subraya de más y se toma al espectador un poco como idiota (es cine made in Hollywood al fin y al cabo), quitando la mayor parte de la carga filosófica (o toda) de los materiales originales (en los créditos aparece que el film se basa en el manga de Shirow, pero claramente la fuente principal son las mencionadas cintas de Oshii). Todo esto hace que, una vez terminada la cinta, el espectador (o al menos un servidor) no reflexione sobre los temas tratados, sino que salga de la sala como con cualquier otro blockbuster palomitero.

Probablemente esta adaptación no se habría llevado a cabo si Scarlett Johansson no se hubiera sumado al proyecto (aunque la primera opción siempre fue Margot Robie) y la chica no es mala actriz y está más que comprobado que también cumple físicamente como ya ha demostrado en sus encarnaciones de heroína de acción en Capitán América: El soldado de invierno o en Lucy, así que la controversia de elegirla a ella y no a una actriz oriental era más bien tontería, sobre todo porque hay que recordar que se trata de un ciborg y, por tanto, el personaje puede adoptar cualquier imagen. Sus acompañantes son menos conocidos la mayoría, pero hay nombres importantes, como el actor y director Takeshi Kitano (Zatoichi) o Juliette Binoche (Azul), encarnando a Batou el para mí desconocido Pilou Asbaek (Profanación: Los casos del departamente Q), siendo Togusa Chin Han (El caballero oscuro) y el supuesto malo de la función, Kuze, Michael Pitt (El bosque).

En definitiva, Rupert Sanders ha firmado un segundo largometraje mucho mejor que su debut, cosa que no era muy difícil, un film entretenido con buenas dosis de acción. Sin embargo se ha perdido una oportunidad de ofrecer algo más que un buen espectáculo visual, una historia con más chicha de la habitual en este tipo de producciones y con unos personajes más complejos, que además tratase temas de plena actualidad; sumándose a ello un final muy blandito.


LO MEJOR:
-Visualmente está muy lograda.
-Buena ambientación, música y una correcta realización.

LO PEOR:
-El guion no arriesga, los personajes son más bien planos.
-No hace mella, como sí lo hacían las dos películas dirigidas por Mamoru Oshii.
-El final me ha resultado muy blando.

¿Quién debería verla?
Si te gustan las películas de ciencia ficción y acción.

¿Y quién no?
¿Los fundamentalistas de los filmes (y el manga) originales?

2 comentarios:

Chechu Rebota dijo...

Aún no la he visto y no creo que tarde en hacerlo aprovechando que está en Netflix, pero tengo que reconocer que en lo que respecta al manga original siempre he sido más de Appleseed, mientras que en las adaptaciones animadas prefiero Stand Alone Complex a las películas, que pese a ser las dos fantásticas terminan por ser demasiado complejas y llenas de referencias, al igual que el manga, mientras que la serie de TV administra mejor toda la información y no resulta tan abrumadora.

Neovallense dijo...

"Stand Alone Complex" también me encanta, una estupenda serie que mantiene el espíritu de las obras que tiene como referencias pero que consigue llegar a un público más amplio. El manga es especialmente críptico, con diálogos difíciles de seguir y muuuuchas notas a pie de página que dificultan su lectura, y eso hablando del primer volumen, si nos metemos en "Manmachine Interface" mejor ni hablamos ("Human Error Processor" mola mucho más).

Las películas me parecen, no obstante, bastante accesibles, y más teniendo en cuenta la mayoría de la filmografía de Mamoru Oshii. Esta versión yanqui, como era de prever, está muy suavizada, quizá demasiado, pero merece la pena darle una oportunidad.

¡¡Muchas gracias por comentar y FELICES FIESTAS!!

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