11 julio 2019

La costa de los mosquitos

 
Allie Fox es un hombre asqueado por lo que se ha convertido la civilización y la sociedad estadounidense en particular. Por ello decide dejarlo todo atrás e ir con su esposa y cuatro hijos a la selva, donde compra una pequeña aldea con la idea de crear su propia civilización. Gracias a sus dotes de inventor, su obstinación y capacidad de trabajo, su proyecto prospera. Pero si construyes un paraíso en mitad de la nada, pronto habrá quien se quiera apropiar de él.

El australiano Peter Weir (Camino a la libertad, El show de Truman) dirige esta fábula escrita por Paul Schrader (Aflicción) basándose en la novela homónima de Paul Theroux, y lo hace con la maestría de un buen artesano, capturando el interés del espectador hasta el último, y un tanto anticlimático, tramo de la historia.

Historia que se divide claramente en tres partes. Primero, lógicamente, la presentación, desde el primer segundo vemos la postura del protagonista hacia el mundo, aunque todavía sin tener muy claro si es un simple loco, xenófobo o catástrofista; es en esos primeros compases donde se va tejiendo el plan que desemboca en la segunda parte del film, el viaje (durante el cual se perfila un primer conflicto) al ficticio país de Mosquitia, la compra de la aldea en mitad de la selva y la construcción de una sociedad idílica gracias al trabajo del protagonista, su familia, los indígenas de la zona y la ayuda de la ciencia. Pero, cuando nace una micro-sociedad de lo que antes eran chabolas ruinosas, llama la atención de intereses terrenales y divinos, empiezan los conflictos. Lo que se levantó gracias a la inventiva humana puede caer en la maldición de la superstición religiosa y de la ambición; el hecho de querer expandir esta micro-civilización lleva a un encuentro fortuito que pondrá a los protagonistas ante una disyuntiva y a una decisión que enfanga y quema los cimientos de la utopía. Desmontada esta llegamos al tercer y último tramo, donde los ideales de Fox se radicalizan, no escucha consejos ni acepta ayuda amistosa, convirtiendo todas las buenas intenciones en náufragos con un rumbo incierto.

Durante todo la historia llama la atención la actitud de la esposa del protagonista, interpretada por Helen Mirren (El juramento), siempre en segundo plano, siempre apoyando a su marido incluso cuando ve que la situación está llegando hasta el extremo; y es que la fuerza y entusiasmo que desprende el personaje interpretado por Harrison Ford (Blade Runner 2049) arrastran al resto, cuanto más confianza e intimidad tienen con él más se ven impelidos, pero de la misma forma más incómodo puede ser el momento en el que surjan las discrepancias. Ford es un actor carismático y con talento y este es un papel diferente a la mayoría de los que ha realizado, acostumbrado a interpretar a galanes o aventureros, su personaje se considera un pionero, es un idealista que piensa que su forma de entender de vivir es la más pura y verdadera, y puede que así lo sea en un principio, pero también es cierto que en algún momento se pierde y no se da cuenta. Como contrapunto al personaje de Ford está el interpretado por Andre Gregory (Demolition Man), un misionero que lleva la palabra de su dios por la selva, y con el que inevitablemente choca. River Phoenix, famoso por haber dado vida a Indiana Jones en su juventud en Las aventuras del joven Indiana Jones y por su pronta muerte por sobredosis en un conocido local de Jhonny Depp, es el hijo mayor del matrimonio Fox, idolatra y adora a su padre, aunque también acaba odiándole; mientras que Jason Alexander (Amor ciego) se mete en la piel del mejor amigo de la familia. Como curiosidad, también tiene un pequeño papel Martha Plimpton, conocida sobre todo por su participación en Los Goonies como la “feucha” del grupo.

En definitiva, La costa de los mosquitos (The Mosquito Coast, 1986) es un film muy recomendable. Su estupendo elenco, la dirección de un maestro como Peter Weir y una historia repleta de claroscuros, hacen que no solo sea un mero entretenimiento, sino que logra plantear cuestiones sobre las que reflexionar.


LO MEJOR:
-Harrison Ford, en un papel notablemente diferente a los que nos tiene acostumbrados.
-La realización de Weir, la fotografía y la interesante historia.

LO PEOR:
-El último tramo resulta anticlimático, pero está totalmente justificado.

¿Quién debería verla?
Aquellos que crean posible que otra sociedad es posible..., a pesar de que ven que cambiar a la altura en la que estamos es extremadamente improbable.

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