29 septiembre 2016

El congreso

Robin es una actriz de mediana edad cuya carrera hace tiempo que estuvo en su cenit. Ahora, su agente viene con el último contrato bajo el brazo en el que le ofrecen ser escaneada, olvidar su carrera real como actriz y pasar a ser una estrella digital.

Ari Folman me sorprendió e impactó con su tercer trabajo tras las cámaras, el multipremiado documental animado Vals con Bashir, por lo que no es de extrañar que se me pusieran los dientes largos nada más conocer la existencia de El congreso (The Congress, 2013), film que se inspira en una historia del célebre escritor polaco de ciencia ficción Stanislaw Lem, y que mezcla la imagen real con la animación, el mundo real con un mundo que podría serlo.

Combinación que no es la primera vez que se hace desde que Walt Disney produjera Mary Poppins unos cincuenta años atrás, aunque aquí la interactuación entre los actores de carne y hueso con los dibujos es casi inexistente, son dos mundos paralelos que se tocan sin verse ni oírse. La historia que transcurre en el real, de hecho, es una introducción a lo que nos espera en el animado, un prólogo muy interesante que plantea reflexiones acerca de la fama, o el libre albedrío, y no pocas críticas al mundo del espectáculo, particularmente a Hollywood y su pesada maquinaria. Lo real da paso a lo animado con un salto de años, a partir de ahí la imagen se torna cambiante, de colores y formas exuberantes e imágenes salidas de una alucinación, un largo viaje provocado por alguna droga psicotrópica. Forma la mayor parte del film y es, también, la parte más difícil de ver al carecer en muchos instantes de coherencia o lógica aparente, es un mundo cartoon que se acerca a los planteamientos del fenecido Satoshi Kon en sus películas, donde lo real y lo irreal se mezclan y confunden de forma irremediable.

Son muchas veces en las que uno se plantea el significado de tal o cual secuencia o plano, muchos los instantes que provocan fascinación el delirio de imágenes y colores y, cuando se revela la otra realidad que discurre al unísono, no puede uno sino asentir ante la lógica decadencia de la misma.

Robin Wright interpreta un personaje con su mismo nombre, hecho que hizo que en todo momento me preguntara si el relato del que estaba siendo testigo tenía, aunque fuera mínima, una base biográfica; en todo caso, la protagonista de La princesa prometida y Forrest Gump (filmes a los que se hace referencia directa en la película que nos ocupa) está realmente fantástica, tanto con su sola presencia (sigue tan hermosa como siempre) como con su interpretación. Le acompañan, entre otros, actores de la talla de Harvey Keitel (Moonrise Kingdom) y Paul Giamatti (El mundo según Barney), Danny Huston (Hijos de los hombres) y Jon Hamm (Mad Men, Sucker Punch), y jóvenes con talento como Kodi Smith-McPhee (El amanecer del planeta de los simios) y Samy Gayle (Familia de policías).

Definitivamente El congreso es una película arriesgada, tiene un tramo inicial que podría considerarse convencional y otra parte, la mayoría del film realmente, donde se muestra una exuberante y simbólica animación donde las reglas del juego cambian por completo y no resulta difícil perderse.


LO MEJOR:
-Robin Wright, que mantiene la misma intensa belleza de su juventud, está espléndida; y el resto del reparto tampoco es que lo haga mal.
-Que es una propuesta original, hipnotizante visualmente.
-La pullas a Hollywood, su reflexión sobre la fama, su juego metacinematográfico...

LO PEOR:
-La parte animada puede convertirse en ocasiones en un galimatías incomprensible.

¿Quién debería verla?
Como suelo decir con producciones arriesgadas y originales, quienes gusten de visionar películas que se salgan fuera de lo común.

¿Y quién no?
Su parte animada es durilla de ver, tanta psicodelia y aluciones no son aptas para todas las mentes.

Las escenas:
Cuando Robin Wright es escaneada y la secuencia final.

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