02 febrero 2017

La tortuga roja

Un náufrago termina con sus huesos en una inhóspita isla desierta, hace lo imposible para salir de ella pero algo se lo impide. En uno de sus múltiples intentos por salir se topa con una gran y amenazante tortuga roja.

A la espera de que se aclare de una vez por todas si Studio Ghibli volverá a la actividad o cerrará definitivamente sus puertas, nos han dado una alegría en forma de coproducción, siendo además la primera que realizan con otro país.

Parece ser que fue Isao Takahata quien propuso una colaboración en forma de largometraje a Michael Dudok de Wit, a la par que le pidieron permiso para distribuir su cortometraje Father and Daughter. Esto fue en 2006, así que estamos ante una producción que se ha dilatado toda una década, que se ha cocinado a fuego lento (para el guion el realizador contó con la ayuda de Pascale Ferran, mientras que a la hora de hacer el storyboard el director de El cuento de la princesa Kaguya le asesoró) y que sin duda no se trata de una obra nada convencional.

La tortuga roja (La tortue rouge, 2016) no es una historia de supervivencia, aunque algo de eso hay, tampoco narra una aventura en una entorno idílico, un paraíso, aunque también hay un poco de eso. La historia de La tortuga roja versa sobre la vida, de los baches con los que una persona se topa, de lo perdidos que estamos todos en nuestra particular isla desierta, donde con suerte encontramos sentido a nuestra existencia al compartir la vida con otra persona, con otro naufrago..., y también de la convivencia en armonía con el entorno y del disfrute de las cosas más sencillas. Todo ello contado sin diálogos, transmitido a través de las acciones y gestos de los personajes, del uso del paisaje como otro personaje más y de la música de Laurent Pérez del Mar.

No me resulta nada fácil escribir sobre La tortuga roja, apenas me salen las palabras para describirla, probablemente no he visto nada parecido. Es una cinta muy arriesgada, donde prevalece lo artístico sobre lo comercial, pero sin por ello preponderar la forma frente al fondo, sino que se opta por un diseño sencillo, tanto de personajes como del entorno, y una historia en la que quizá haya momentos en la que el espectador se pregunte hacia dónde quiere llegar, pero que finalmente deja poso..., y cierta tristeza.


LO MEJOR:
-La animación naturalista, el diseño minimalista, un uso del color un tanto peculiar...
-Es una obra nada comercial, arriesgada y para nada convencional.
-El final, amargo y hermoso como la vida misma.
-Que se haya estrenado en cines. Casi un milagro.
-Los cangrejos.

LO PEOR:
-Nada.

¿Quién debería verla?
Quien busque una historia sencilla pero que cuente muchas cosas, diferente.

¿Y quién no?
Su ritmo es pausado, no tiene diálogos... no es un filme animado que se parezca a una producción de DreamWorks o Pixar, así que quien la vea con esa idea se llevará un chasco.

2 comentarios:

Earendilion dijo...

¡Vaya, ni siquiera la conocía!
A ver si tengo la oportunidad de verla en algún sitio.

Saludos, Neo

Neovallense dijo...

Espero que tuvieras la oportunidad de verla, si no siempre está ahí las ediciones domésticas para solucionarlo. Merece la pena ^^


Saludos y muchas gracias por comentar.

P.S. Disculpa si he visto tarde tu comentarios, pero es que Blogger no me ha avisado que tenía pendientes de moderación.

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