23 mayo 2019

El bar

Álex de la Iglesia es uno de lo realizadores más reconocibles de la cinematografía española, con una forma de hacer cine muy particular y teniendo en su currículo algunas de las películas más exitosas del cine español, aunando en muchas ocasiones a crítica y público. El comienzo de muchos de sus filmes son de lo mejorcito (¿o a quién no dejó perplejo el inicio de El día de la bestia?), no obstante sus desenlaces flojean en ocasiones (¿alguien ha mencionado Las brujas de Zugarramurdi?). Lo que no cabe duda que es uno de los pocos cineastas que tiene una masa fiel y otros, como un servidor, que al menos no le quitan el ojo.

En su momento, esperaba con curiosidad El bar (ídem, 2017), pero sin la certeza de que la fuera a ver en pantalla grande, fueron los comentarios positivos de desconocidos y conocidos y el hecho de tener la Semana Santa entre medias, lo que hicieron que me animara a pagar una entrada para verla. No me arrepentí.

Tampoco salí pegando botes del cine, pero la penúltima cinta del director de Balada triste de trompeta está llena de los ingredientes típicos de sus producciones: personajes extremos, humor, crítica social, drama incluso y un inicio de lo más prometedor. Porque todo apunta a que será un día normal para los personajes que entran en un bar, pero de repente, al salir uno de ellos, es abatido por un tiro y el resto se queda dentro sin atreverse a poner un pie en la calle ante el temor de terminar igual; pero claro, pronto las tensiones comienzan a aflorar entre los personajes.

Como he leído por ahí, El bar viene a ser una mezcla de La cabina, Última llamada y La aventura del Poseidón, y algo de eso hay. Desde luego empieza muy fuerte, juntando a ese variopinto número de personajes (la pija, el hipster, el mendigo, el expolicía facha, el hombre de negocios...) en un bareto de mala muerte, generando tensiones entre ellos a cuenta de lo que se va descubriendo o simplemente especulando. Llegado el momento el que el grupo se divide y se termina pareciendo a partir de ahí algo más al clásico del cine de catástrofe de los 70, con un agujero que me causa dolor nada más pensar en él (hubo un momento que hizo que lo pasara mal); virando en su desenlace hacia el psicópata maníaco vengativo, que es precisamente la parte en la que flojea un poco, aunque lo que es su final resulta interesante.

El reparto es una parte muy importante en un filme como el que nos ocupa, y a De la Iglesia le gusta repetir con intérpretes con los que se ha sentido cómodo en otras ocasiones. Es por ello por lo que está ahí de nuevo el denostado Mario Casas (Palmeras en la Nieve, Toro), que dirán lo que dirán pero cumple a la perfección como hipster; para Blanca Suárez (Tiempo después) es la primera vez, pero estoy seguro que el realizador bilbaíno volverá a contar con ella después del gran trabajo que ha hecho como pija superficial pero quizá no tanto. Otra habitual del cineasta es la desaparecida Terele Pávez (Café solo o con ellas) que, como siempre, cumplió con sus extravagante personaje en el que fue uno de sus últimos trabajos; estando ahí también Carmen Machi (Arde Madrid), Jaime Ordoñez (El signo de Caronte) y Secun de la Rosa (Lobos de Arga), entre otros.

El bar tiene lo mejor y lo peor del cine de Álex de la Iglesia, pero de lo último no lo tiene en suficientes dosis como para estropear la película. Así que nos encontramos con un muy buen arranque y buen nudo, siendo el último tramo más flojo, por resultar menos fresco quizá, pero no tanto como para dejar un sabor amargo.


LO MEJOR:
-Que tiene un buen número de ingredientes (thriller, comedia, drama) y están bien mezclados.
-Un buen elenco.
-Una buena historia (pero no redonda), obra del director y su colaborador habitual Jorge Guerricaechevarría.

LO PEOR:
-El tramo final.

¿Quién debería verla?
Quien guste del cine del director de Perdita durango no saldrá defraudado, y todo aquel que busque un entretenimiento de calidad y con mucha mala uva.

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