03 septiembre 2026

Scarlet

Scarlet es una princesa que vive una infancia feliz con su padre, un rey afable que cree de verdad en la paz, promoviendo el entendimiento con otras naciones. Eso es algo que Claudio, el hermano del rey, ve como un signo de debilidad...

Cualquier proyecto de Mamoru Hosoda levanta expectación, pero su último largometraje, Scarlet (Hateshinaki Sukâretto, 2025) venía precedido por una acogida más bien fría en su tierra natal, así que aunque era una certeza que iba a verla en pantalla grande, mis esperanzas en ella no eran excesivas.

De hecho, eran tirando a escasas a pesar de unos brotes verdes al leer algunas citas de críticas profesionales. De primeras, lo que llama la atención de esta aventura que adapta, a su manera, el Hamlet de Shakespeare mezclándolo con MacBeth y la Divina comedia de Dante (y tomando elementos de varias más), es su estilo visual, una mezcolanza francamente peculiar de animación tradicional, animación 3D de sombreado plano y unos fondos (e incluso algunos objetos) que bien podrían ser fotografías digitalizadas, decisión que genera un contraste llamativo no necesariamente negativo, pues está cuidada suficientemente en todas sus facetas... aun sintiéndose rígida en secuencias concretas, en otras llama la atención su fluidez y belleza.

A mi juicio en Scarlet hay una evidente intención de recoger el ambiente geo y sociopolítico presente, con una obvia y creciente crispación (desde años ha) y viejos actores beligerantes volviendo a las andadas. Y el mensaje de Hosoda no puede ser más claro, apostando siempre por el amor, el entendimiento y la cooperación (una enseñanza que, por otra parte, tendrá que aprender la protagonista en su largo recorrido), y desplegando planos y secuencias muy potentes por el camino (la imagen de miríadas de personas a uno y otro lado del muro es probablemente la más sobrecogedora del film, junto a los violentos instantes posteriores).

Francamente un servidor agradece las intenciones, no obstante, entre que choca un tanto los diseños de los personajes (los dos protagonistas, aun entendiendo los motivos que puede haber en su divergencia) y que a pesar de la variedad cromática de la que se disfruta en pantalla, la animación por ordenador carece de la calidez y organicidad que aporta un anime hecho a mano (sea en papel o en soporte digital) y hace que pese en el resultado final. A ello también sumaría el empeño (absurdo) en crear una historia de amor donde solo debería haber amistad y, probablemente, un desarrollo menos inspirado que otros trabajos del cineasta nipón.

Resumidamente, Scarlet no está entre lo más brillante de su creador, pero tiene muchos elementos salvables e ideas más que interesantes, además su mensaje de concordia, de abandonar el odio irracional, no puede ser más oportuno.
 
 
LO MEJOR:
-Su mensaje es poderoso y actual.
-Estéticamente luce bien, no es brillante pero sí bonita.

LO PEOR:
-Es algo fría, cierta rigidez en determinadas escenas.
-No me gusta que se fuerce la relación amorosa.
-No me gusta el recurso que de repente aparezca un (o más) personaje y salve la situación (o justo lo contrario). Tiene su lógica en este caso (deja más cerradito el arco), pero no es lo mejor.

¿Quién debería verla?
Quien guste del cine del director nacido en la prefectura de Toyama.

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