20 octubre 2016

Godzilla

Las películas de monstruos, lo he dicho en más de una ocasión, me encantan, así que esta nueva versión yanqui del famoso saurio japonés (de cuya larga serie de filmes, tengo que reconocer, no he visto ninguno) me atrajo desde el mismo momento en que sacaron el primer póster, que dejaba claro que las cosas iban por derroteros diferentes al espectáculo pirotécnico que montó Roland Emmerich allá por 1998.

La historia de Godzilla (ídem, 2014) comienza en 1999, cuando unos científicos descubren unos extraños fósiles en Filipinas. Poco después Japón sufre un accidente nuclear y allí está Joe Brody, encargado de la central, y su familia. Quince años más tarde Joe sigue obsesionado con lo ocurrido, estando convencido de que no se debió a ningún desastre natural; su hijo, que lo toma por loco, va en su ayuda cuando lo detienen por estar en zona de cuarentena, allí ambos acabarán descubriendo la razón de aquel fatídico desastre.

Gareth Edwards sorprendió (y aburrió) con Monsters, una suerte de cinta romántica con una invasión extraterrestre de por medio, así que no resulta sorprendente que lo eligieran para hacer la segunda versión hollywoodiense de Godzilla, a la que ha querido darle un trasfondo y una entidad de la que carecía el primer intento. Aquí el monstruo, a pesar de ser un elemento de destrucción, también lo es de salvación, es el encargado de devolver el equilibrio como no se cansa de repetir cierto personaje. Si bien todo eso está muy bien, y la cinta en general es entretenida, la verdad es que no termina de convencer. A veces hay cierta sensación de que es una sucesión de escenas a las que le falta algo para que queden unidas, además no ayuda que eludan los enfrentamientos entre las bestias, apenas mostrándolos (lo suelen hacer a través de televisores, y solo escasos segundos) salvo la lucha final, consiguiendo que más que aumentar la intriga crezca la frustración. A pesar de todo tiene momentos notables, como el que transcurre en el puente ferroviario o la mencionada lucha final (mola el bicho volador), sin embargo se podría decir que cuando hacen acto de presencia los monstruos gana más que cuando solo hay humanos en pantalla.

Respecto al reparto humano, hay caras jóvenes y actores consagrados, como Bryan Cranston, quien se ha ganado el respeto y la admiración de los televidentes gracias a su papel en Breaking Bad; Ken Watanabe, actor japonés que ha participado en varias superproducciones estadounidenses, como El último samurái u Origen; Juliette Binoche (Cosmópolis) en un pequeño papel; así como Aaron Taylor-Johnson (Anna Karenina) y Elizabeth Olsen (Luces rojas), entre otros.

En definitiva, que Godzilla es un film con momentos espectaculares pero que, aún siendo entretenida, me esperaba más de ella. Al menos quien esto escribe confiaba en que, además de que hubiera cierto trasfondo como en su momento le dio Ishiro Honda a Japón bajo el terror del monstruo, las batallas entre monstruos tuvieran más importancia, quería ver a Godzilla dando caña a todo el mundo, pero si bien la da tampoco lo hace mucho. Sin duda Pacific Rim mola mucho más.


LO MEJOR:
-Las (escasas) batallas entre Godzilla y los Muto.
-El salto en paracaídas.
-Un reparto convincente.

LO PEOR:
-Esa (aparente) obsesión por mostrar lo mínimo posible de las luchas entre los monstruos hasta el final.
-¿Cómo es posible que se criara un monstruo de cien metros en una montaña a pocos kilómetros de Las Vegas y no se percataran de ello?

¿Quién debería verla?
Quienes gusten de filmes con bichos gigantes.

¿Y quién no?
Quien espere una orgía de luchas entre los monstruosos protagonistas.

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