05 julio 2018

Tarde para la ira

José es un tipo de apariencia anodina que pasa los días entre el hospital y un bar regentado por Juanjo y su hermana Ana, por la cual parece interesado.

Me sorprendió escuchar un fragmento de una entrevista a Raúl Arévalo donde venía a decir que la gente veía raro que un actor dirigiera. Supongo que se debe a su experiencia personal, porque el espectador está más que acostumbrado a ver intérpretes que se han lanzado a la realización,  nombres los hay a pares (Clint Eastwood, Robert Redford, Fernando Fernán Gómez, Miguel Bardem, Jodie Foster, Mel Gibson, Santiago Segura...) y en muchos casos con resultados sorprendentes. El de Raúl Arévalo, su debut en esto de dirigir películas, también ha sido una de esas ocasiones en las que se convierte en una grata sorpresa, firmando un thriller de creciente tensión e impactantes momentos.

Y es que Tarde para la ira (ídem, 2016) es un thriller que se cuece a fuego lento. En su primera parte (después de un magnífico prólogo con una huida como protagonista) no se sabe con qué resorte saltará la acción, puesto en apariencia se nos está narrando el día a día de un tipo tímido con una vida notablemente triste. Dicha tristeza es cierta, pero la causa de la misma es el único motor que mueve la vida de José, el cual lleva rumiando años una ira oculta tras su apacible rostro.

Tarde para la ira no es un filme de acción ni de grandes persecuciones, pero cuando algo acontece lo hace con violencia, de forma cruda y contundente, sin remordimientos, dejando al espectador tan atónito como a cierto personaje. Esta veracidad impacta y es uno de los mayores aciertos de la cinta, se le suma la conseguida atmósfera, así como su creciente tensión y esos destacados momentos donde se desata. A lo que hay que añadir el uso continuado de la cámara en mano y la fotografía, con mucho grano, que da una textura ruda y cierto aire de documental, y, por tanto, de mayor realismo.

Antonio de la Torre (La isla mínima) construye un personaje hermético y muy interesante, que no pestañea ante nada y que no tiene la menor misericordia, parece un tipo sensible que se haya quedado sin sensibilidad; Ruth Díaz (Amar es para siempre) es Ana, el interés romántico de José, en apariencia al menos, una mujer que no deja de sufrir por culpa de su pareja; mientras que Luis Callejo (Palmeras en la nieve) da vida a Curro, novio de Ana y tipo violento aunque “buena gente”. Completan el reparto, entre otros, Raúl Jiménez (Hospital Central), como el regente del bar y un feliz padre de familia, y Manolo Solo (B), como un viejo amigo de Curro.

En definitiva, que Tarde para la ira se viene a sumar a la buena cosecha de los últimos años en lo que a cine de género realizado en España y, además, siendo un debut, lo que lo hace todavía más meritorio. Es tensa, es cruda e impactante, sin duda una de las cintas más interesantes de 2016.


LO MEJOR:
-Todo el reparto, destacando a Antonio de la Torre y Luis Callejo.
-Gran realización de Raúl Arévalo, que también escribe el libreto junto a David Pulido.
-La conseguida atmósfera y tensión que genera por momentos.

LO PEOR:
-No es perfecta, pero tampoco tiene ningún pero de importancia.

¿Quién debería verla?
A cualquiera que le gusten las películas de ambientación realista y con historias que dan pocas concesiones al espectador.

¿Y quién no?
Tiene más de un momento durillo, así que mentes muy sensibles abstenerse.

La pregunta:
¿Soy yo o la mayoría del tiempo Antonio de la Torre estaba ligeramente desenfocado (y el resto enfocados)?

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