Películas bienintencionadas las hay a pares, películas bienintencionadas que a pesar del potente mensaje que quieren transmitir son fallidas, por desgracia, también son abundantes. La última travesía (I Was a Stranger, 2024) es un film donde vemos pocos minutos después de su comienzo por dónde quiere tirar, que apuesta por mostrarnos, sin dar muchas explicaciones, dramáticos y traumáticos sucesos, cruentas guerras, huidas desesperadas, fanáticos y personas que se aprovechan de otras personas...
Brandt Andersen parte de su corto Refugee para lanzarse, casi se diría que sin red ni chaleco salvavidas, a su primer largometraje, relatándonos varias historias entrelazadas con el denominador común del conflicto fratricida sirio y la imperiosa necesidad de huir. Amira (Yasmine Al Massri) ejercía de médica en un hospital de Alepo y no tiene otra opción que escapar con su hija Rasha; Mustafa (Yahya Mahayni) es un fiel soldado del ejército de Al Assad al que se le plantea una dicotomía; Marwan (Omar Sy) es un abnegado padre que está ahorrando el máximo de dinero que puede con la intención de ir a Chicago con su hijo; Fathi (Ziad Bakri) es un poeta que huye con su familia, a los que le quiere dar un futuro mejor; Stavros (Constantin Markoulakis) es el capitán de un barco de salvamento griego obsesionado por rescatar de las aguas del Mediterráneo al mayor número de personas posible...
Con estas cinco tramas que discurren en paralelo para encontrarse, Andersen nos muestra además de diferentes puntos de vista, también diversas situaciones que dan un vistazo global, explicando una de las causas principales que provocan las migraciones masivas (diríase más bien huidas) y, con ello, lo que impele a las personas a hacerlo (desde la represión y persecución a la búsqueda de la seguridad familiar). Lo hace en primera persona, manchándonos de sangre las manos en un hospital, sepultándonos bajo los escombros o sufriendo al ver cómo ejecutan a unos supuestos traidores a la patria, sumergiéndonos también en el oscuro mundo de las mafias que transportan personas y empapándonos en un periplo terrorífico de incierto destino y sin posibilidad de regresar al punto de partida. Es por ello que La última travesía consigue sus objetivos, porque nos hace epatar con cada uno de los personajes y, sobre todo, logra que suframos con cada uno de los avatares que tienen que sortear, no siendo paternalista ni eludiendo instantes crudos (aunque recurriendo para ello al fuera de campo).
Donde películas como Yo capitán, de Matteo Garrone o El salto, de Benito Zambrano, no lograron llegar al corazón de los espectadores, Brandt Andersen capea las dificultades con cinco historias que confluyen y se cruzan y que logran meter al espectador en cada una de ellas, incluso cuando el punto de vista es de alguien que se aprovecha del mal ajeno. Es un film con estimables valores de producción, un reparto internacional muy solvente (con Omar Sy como el rostro más conocido), un guion que tiene lugares comunes pero plantea situaciones verosímiles que están bien resueltas, y una dirección que logra la no siempre fácil tarea de que el espectador empatice y enviar un necesario mensaje.
Brandt Andersen parte de su corto Refugee para lanzarse, casi se diría que sin red ni chaleco salvavidas, a su primer largometraje, relatándonos varias historias entrelazadas con el denominador común del conflicto fratricida sirio y la imperiosa necesidad de huir. Amira (Yasmine Al Massri) ejercía de médica en un hospital de Alepo y no tiene otra opción que escapar con su hija Rasha; Mustafa (Yahya Mahayni) es un fiel soldado del ejército de Al Assad al que se le plantea una dicotomía; Marwan (Omar Sy) es un abnegado padre que está ahorrando el máximo de dinero que puede con la intención de ir a Chicago con su hijo; Fathi (Ziad Bakri) es un poeta que huye con su familia, a los que le quiere dar un futuro mejor; Stavros (Constantin Markoulakis) es el capitán de un barco de salvamento griego obsesionado por rescatar de las aguas del Mediterráneo al mayor número de personas posible...
Con estas cinco tramas que discurren en paralelo para encontrarse, Andersen nos muestra además de diferentes puntos de vista, también diversas situaciones que dan un vistazo global, explicando una de las causas principales que provocan las migraciones masivas (diríase más bien huidas) y, con ello, lo que impele a las personas a hacerlo (desde la represión y persecución a la búsqueda de la seguridad familiar). Lo hace en primera persona, manchándonos de sangre las manos en un hospital, sepultándonos bajo los escombros o sufriendo al ver cómo ejecutan a unos supuestos traidores a la patria, sumergiéndonos también en el oscuro mundo de las mafias que transportan personas y empapándonos en un periplo terrorífico de incierto destino y sin posibilidad de regresar al punto de partida. Es por ello que La última travesía consigue sus objetivos, porque nos hace epatar con cada uno de los personajes y, sobre todo, logra que suframos con cada uno de los avatares que tienen que sortear, no siendo paternalista ni eludiendo instantes crudos (aunque recurriendo para ello al fuera de campo).
Donde películas como Yo capitán, de Matteo Garrone o El salto, de Benito Zambrano, no lograron llegar al corazón de los espectadores, Brandt Andersen capea las dificultades con cinco historias que confluyen y se cruzan y que logran meter al espectador en cada una de ellas, incluso cuando el punto de vista es de alguien que se aprovecha del mal ajeno. Es un film con estimables valores de producción, un reparto internacional muy solvente (con Omar Sy como el rostro más conocido), un guion que tiene lugares comunes pero plantea situaciones verosímiles que están bien resueltas, y una dirección que logra la no siempre fácil tarea de que el espectador empatice y enviar un necesario mensaje.
LO MEJOR:
-Un coral reparto que cumple sobradamente.
-Buena dirección y guion, a lo que ayuda también una estimable banda sonora.
-La travesía en la lancha motora y el rescate. De lo más intenso y emotivo de un film cargado de tales instantes.
-Que pone voz y rostro a los que se han convertido solo en números.
-Que se hagan películas como esta, que apuestan por temas sociales de interés a la vez que ofrece una historia emocionante y entretenida.
LO PEOR:
-Cuando el capitán mira con los prismáticos y ve una lancha a lo lejos, sale al instante de la cabina y la embarcación a la deriva apenas está ya a unas decenas de metros.
¿Quién debería verla?
Cualquiera que conserve una pizca de humanidad.
Películas que humanizan:
Rebel
Flee
Funan
-Un coral reparto que cumple sobradamente.
-Buena dirección y guion, a lo que ayuda también una estimable banda sonora.
-La travesía en la lancha motora y el rescate. De lo más intenso y emotivo de un film cargado de tales instantes.
-Que pone voz y rostro a los que se han convertido solo en números.
-Que se hagan películas como esta, que apuestan por temas sociales de interés a la vez que ofrece una historia emocionante y entretenida.
LO PEOR:
-Cuando el capitán mira con los prismáticos y ve una lancha a lo lejos, sale al instante de la cabina y la embarcación a la deriva apenas está ya a unas decenas de metros.
¿Quién debería verla?
Cualquiera que conserve una pizca de humanidad.
Películas que humanizan:
Rebel
Flee
Funan


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