20 febrero 2020

La trinchera infinita

Tras el fallido del golpe de Estado de 1936 y la posterior Guerra Civil, Higinio se ve obligado encerrarse en su casa para evitar ser reprasaliado. Lo que en un principio era algo temporal hasta encontrar el modo y momento de ir a algún lugar más seguro, se convierte en un cautiverio de décadas.

Es un mantra que en España se hacen muchas películas sobre la Guerra Civil, es muy típica, de hecho, la frase que solo se hacen comedias y films sobre la mencionada contienda. Quizá opinen eso los que ven poco cine español, o puede que sean personas a las que no les interese que se cuenten historias como la de La trinchera infinita (ídem, 2019).

Belén Cuesta (La llamada) y Antonio de la Torre (Grupo 7Tarde para la ira) son los protagonistas casi absolutos de un film que narra con precisión lo que debieron de padecer los “topos” que se vieron obligados a esconderse del afilado cuchillo de la represión durante años. Aunque es Higinio el que permanece en una prisión llamada hogar, Rosa también sufre las consecuencias de ello, porque ella se convierte en una prisionera de la mentira y del miedo a que descubran a su marido.

La evolución del personaje de De la Torre es uno de los detalles más interesantes del film. Del hombre comprometido por una buena causa, hasta el hombre solo apegado a su miedo y obsesiones, un hombre vencido a pesar de tener todavía mucho. Hecho que se ve sobre todo con un conversación donde Higinio se interesa por detalles del escondite donde habitaba otro topo en vez de quién era y el porqué se escondía. Una evolución psicológica que se ve reflejada también en la física, gracias a un efectivo maquillaje (que en ocasiones distrae) y del propio cambio al que se observa en el cuerpo el intérprete de Gordos.

Muy destacable es también su plano técnico, desde el impecable diseño de producción, que recrea un pueblo andaluz de la época (y sus cambios a lo largo del tiempo), su magnífica  fotografía y, especialmente, su sonido, muy importante durante todo la cinta, ya que los realizadores (Aitor Arregi, Jon Garaño y José Mari Goenaga) juegan mucho con el fuera de campo, siendo los ruidos la única pista de lo que puede estar pasando fuera del escondite del protagonista. Con estos elementos logran momentos muy tensos, que hacen que el espectador se sienta en el zulo junto a Higinio, experimentando su temor a ser descubierto.

Lo mismo me equivoco y, en efecto, se han hecho muchas películas sobre la Guerra Civil española, pero probablemente nunca sean suficientes. Porque el cine es un medio perfecto para no olvidar, porque de ese oscuro periodo de nuestra historia reciente, y de los no más luminosos años que le siguieron, todavía quedan muchos relatos que exhumar.


LO MEJOR:
-A pesar de su duración, casi dos horas y media, no pierde interés en ningún momento, gracias a un buen guion y dirección.
-El trabajo de los actores, destacando los mencionados Belén Cuesta y Antonio de la Torre, así como Vicente Vergara.
-El sonido, la fotografía, la música y el diseño de producción.
-El último plano.
-Los últimos momentos de encierro, el miedo a salir a pesar de la amnistía.

LO PEOR:
-Que todavía se piense que hay demasiado cine sobre la Guerra Civil y la posguerra.

¿Quién debería verla?
Quien busque una buena historia que logre sumergirle con sus personajes, y quien quiera saber más sobre una etapa de nuestra historia que no debe ser olvidada.

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