07 enero 2021

El padre

Hay temas que a uno le interesan y le tocan la fibra sensible por uno u otro motivo, así que cuando ve alguna obra que los trata acude a ellas, más si viene con los rostros de grandes nombres, como el de Anthony Hopkins, y precedida de muy buenas críticas.

Basada en la obra de teatro de Florian Zeller, este mismo se encarga de trasladar a la gran pantalla el drama de un hombre que, sin ser consciente de ello, padece una enfermedad neurodegenerativa (no se indica cuál en ningún momento, pero se sobreentiende que podría ser Alzheimer o cualquier otro tipo de demencia) que, poco a poco, lo sume en la confusión, a la par que a sus familiares, a su hija Anne especialmente, en un mar de preocupaciones.

Supongo que la culpa de todo la tiene mi abuela, con la que tenía una bonita relación, y aunque ella por suerte nunca padeció de Alzheimer (un poquito de demencia senil al final de sus días quizá) (mi abuelo, por otra parte, sí que tuvo un proceso de deterioro mental a cuenta de un tumor cerebral, grabada tengo su mirada apagada en la memoria), de alguna forma pasar tantas tardes a su lado y tantos ratos viendo la televisión han hecho que sienta interés por las personas mayores (ser consciente de que algún día lo seré también ayuda). Y si digo todo esto es porque el último tramo de El padre (The Father, 2020) simplemente me parece tan maravilloso como demoledor, porque muestra de manera descarnada las jugadas de la mente, y lo duro que puede ser para la persona que lo padece y para quien lo sufre viendo el deterioro de su ser querido, y esto sumado a la experiencia personal hace que todavía pueda ser más dramático.

Durante el resto del film Florian Zeller va construyendo esta conclusión de forma sutil, confundiendo al espectador con la turbación permanente del protagonista (llegando a incluir apuntes de thriller durante cierto tramo de la historia), repitiendo momentos (ese pollo) y motivos (la música, diálogos, planos...) y, a partir de cierto instante (puede que incluso antes de que se haga más o menos evidente), jugando con el escenario inteligentemente (prácticamente toda la acción se desarrolla en unos pocos entornos cerrados) y sus elementos, trasladando así al espectador lo que está pasando en la cabeza de Anthony.

Pero nada de esto sería posible sin las magníficas interpretaciones del dúo protagonista. Olivia Colman (La favorita) está genial como la preocupada y sufridora hija, raro sería que no le llovieran las nominaciones y los premios, pero lo de Anthony Hopkins (Thor) es simplemente brutal, va de lo cómico a lo cruel, pasando por lo entrañable y mostrando al final tal vulnerabilidad que es imposible que no se haga un nudo en la garganta, simplemente está soberbio. Aunque con menor protagonismo, también hacen un buen trabajo Olivia Williams (Sabotage), Rufus Sewell (Hércules), Imogen Poots (Jane Eyre) y Mark Gatiss (Sherlock).

El padre es una película que destaca por retratar de forma verosímil el deterioro mental, toda ese desconcierto y dolor que debe sufrir la persona enferma por ello, por mucho que se lo niegue a sí misma y asevere que está perfectamente, y también sus seres queridos. Es un film dirigido con sobriedad y elegancia, con una gran dirección de actores y un desarrollo que genera por momentos extrañeza y hasta desasosiego, y que te golpea con fuerza en dos momentos finales donde los intérpretes dan un recital interpretativo impresionante.


LO MEJOR:
-Anthony Hopkins, en uno de sus mejores trabajos (si no el mejor), y Olivia Colman.
-La dirección de Florian Zeller.
-Una buena historia contada de forma tan sutil como certera.
-La música.

LO PEOR:
-No verla.

¿Quién debería verla?
A quien le guste el cine.

¿Y quién no?
¿A quién le aterre la vejez y sus posibles consecuencias?

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