28 enero 2021

La invocación del picto, de S.T. Prescott y Sergio Mars

Malos tiempos corren en los Montes Raajniakiri, el invierno está siendo atrozmente crudo y el pueblo de Nergal, si quiere sobrevivir, no tiene otra opción que recurrir a oscuros ritos que hará que el mencionado y dos miembros más del Clan del Lobo se conviertan en avatares de la Muerte. Contra todo pronóstico Nergal, al contrario que sus compañeros, sobrevive, lo que le convierte en un habitante incómodo en su aldea, por lo que deberá buscar su lugar en un mundo donde hombres, dioses y otros seres oscuros intentarán utilizarlo para sus fines.

Aunque no soy un gran conocedor, la literatura pulp (y toda historia que pueda encajar en la amplia variedad de la misma, incluyendo en los medios audiovisuales y los tebeos) siempre me ha atraído y me ha divertido mucho. Recuerdo muy bien la fascinación que me produjeron, cuando era un retaco, películas como Conan el bárbaro, El señor de las bestias, Krull, Flash Gordon o cualquiera de las aventuras de Tarzán protagonizadas por, entre otros, Johnny Weismuller. Curiosamente todavía no he leído (casi) ninguno de los relatos originales de Robert E. Howard ni de Edgar Rice Burroughs (pero sí mucho de otro grande como Edgar Allan Poe, que aunque no se pueda incluir en este grupo, sí influyó a muchos de sus escritores), aunque últimamente me estoy culturizando un poco gracias a publicaciones como la revista Barsoom... Y ahora también he rellenado un poco de hueco gracias a Sergio Mars, quien durante años se ha dedicado a indagar en los archivos de Sean Thorgier Prescott para completar su inconclusa obra y darle forma en esta antología.

La invocación del picto está formada por seis relatos donde se nos narra la historia de Nergal, desde que se convierte en krivanderjager para salvar a su pueblo, hasta llegar a ser líder de una banda de forajidos y enfrentarse de tú a tú con el ejército del imperio.
 
El primero de los relatos, La marca de la muerte, nos sirve para conocer el duro entorno de donde proviene Nergal, así como su “nacimiento”, un cuento que va in crescendo, de menos a más, con un inicio intrigante y tenebroso (y hasta repulsivo) y un desarrollo donde somos conscientes de que no tendrá un destino fácil ni, probablemente, feliz.

El monasterio de la hermandad roja es la segunda historia, donde el raajniakiri le sale un típico, y aparentemente sencillo, trabajo de acompañar a un grupo de monjes hasta cierto lugar, pero que se torcerá irremediablemente. Mientras que en Tras los muros de Esperanza Nergal termina, tras mucho vagabundear, en un fuerte rigalí comandado por, el caído en desgracia, general Baltus, el cual nada más conocerle empieza a maquinar planes para salir del hoyo en el que está metido. Nergal tiene aquí una evolución evidente, ya que hará amigos y se sentirá, después de mucho tiempo, miembro de un grupo, además de aprender esgrima e incluso estrategia militar; no obstante también será un peón de las intrigas del mencionado Baltus y su mentor, y sufrirá junto al resto de compañeros un asedio... lo que hace que sea una aventura muy variada y amena.

Aguacero es un relato tan divertido como típico. Nuestro antihéroe, tras días vagando bajo un diluvio, busca refugio en una posada de mala muerte con un posadero avaro como regente, el señor del lugar ve en él al chivo expiatorio ideal para calmar los ánimos de la población, así que lo acusa de brujería y lo condena a la muerte, pero Nergal no se dejará matar así como así. El penúltimo cuento, El juicio de Elil, tampoco es muy original, Nergal y sus hombres verán la oportunidad de un botín fácil que, como era de suponer, no acaba siendo tal. En esta historia parece que el krivanderjager ha encontrado un lugar de nuevo, un grupo de aguerridos hombres que le siguen y una buena mujer, y también se entrevé algunos detalles de su destino.

El último relato es el que da título al volumen y es el único que no está contado desde el punto de vista del protagonista, sino de, principalmente, Parvo Solio, al que han mandado, desde la capital imperial, a la zona para pacificarla, lo cual es sinónimo de acabar con el Verdugo (así es conocido también el protagonista) y sus bandidos. Resulta especialmente interesante al estar narrada desde otra perspectiva, además es bastante épica y violenta (y no quiero decir con eso que el resto no lo sean... sobre todo lo segundo), y su desenlace, a pesar de no darle una conclusión definitiva, cierra un ciclo del raajniakiri.

El responsable de que este libro haya visto la luz es, como he mencionado, Sergio Mars (del que hace un tiempo reseñé La mirada de Pegaso, y cuya bitácora Rescepto Indablog es muy recomendable) ya que no solo ha sido quien ha traducido los manuscritos originales, sino unido esbozos y notas del autor para completar otros, además de encargarse de publicarlos a través de su proyecto Cápside Editorial (proyecto que en estos momentos está congelado). Y aunque se trata de una microeditorial como él mismo la define, no se puede negar su buen hacer en la edición, aunque no se libre de las erratas ortotipográficas y algunas de otro tipo (esa numeración de capítulos en El juicio de Elil).

Quien tenga recorrido en este tipo de lecturas seguro que encontrará lo que quiere, sin resultar original (tiene bastantes tópicos, algunas historias más que otras) es una antología muy entretenida con variadas aventuras y personajes, entidades sobrenaturales y un antihéroe como protagonista bastante reflexivo y con ansias de respuestas; y quien no haya leído mucho quizá se sorprenda con las historias de un taciturno y violento hombre de las montañas que se niega a doblegarse ante nadie.

LO MEJOR:
-Una lectura directa y amena, repleta de violencia descarnada y un protagonista un tanto torturado.
-Una edición muy apañada, cartoné tapa blanda, con solapas...

LO PEOR:
-Esos errorcillos mencionados.

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