Me encantan el cine catastrófico y las historias que transcurren en futuros oscuros y distópicos, disfruto con casi todas ellas pero, hace un tiempo, quizás cuando vi Tomorrowland: El mundo del mañana, llegué a la conclusión de que ser constantemente bombardeado por este tipo de mensajes catastrofistas, aun siendo pura ficción, quizás nos lleve a, como sociedad, sentir como inevitable que nos dirigimos al abismo. Por eso, pensé, hay que creerse que un futuro luminoso es posible para poder imaginar tiempos venideros que no terminen con el fin de la civilización o, aun peor, con la extinción.
En eso pensaron Greenpeace y Astiberri, que reunieron a un intrépido número de guionistas y dibujantes con la inaudita idea de proyectar un mundo donde el centro no sea la economía, sino las personas, y donde la economía gire alrededor de las personas y tenga en cuenta los límites planetarios...
Hiru Ahizpak, el primer cómic del volumen, narra tres cotidianas historias paralelas que se encuentran al final. En una de ellas un locutor de radio nos informa del problema del agua y de múltiples efemérides, dándonos una visión global del futuro que nos presenta; en otra una madre enseña a su retoña a plantar como indican las viejas enseñanzas; en la última un trío de amigas ensayan a la par que discuten qué nombre poner al grupo.
Harkaitz Cano e Iñaki Landa nos muestran un futuro donde lo colectivo prima sobre lo individual, conformando una sociedad que, quizás por decisión propia, ha renunciado al uso desmesurado de la tecnología. Un futuro que resulta extraño, rozando lo distópico, puede que porque no vislumbramos un mundo sin aparatitos de todo tipo o, quizás, porque siempre vemos el peligro de que una utopía se convierta en su reverso. En una segunda lectura se difumina la sensación de distopía, además de percibir más detalles que aportan información, como los asientos reutilizados. Eso sí, para hablar tanto de sequía todo está muy verde (no solo el huerto).
Núria Tamarit es la autora completa de Nuestro futuro anterior, cómic en el que Leo, la protagonista, se encuentra con un fantasma del pasado al que tendrá que explicar un presente donde la sociedad ha renunciado a mucho para vivir mejor, ganando con ello tiempo y relaciones sociales.
Un tebeo similar al primero, en cuanto es una especie de tour donde se nos expone la sociedad futura. También, en la primigenia lectura, provoca sensaciones similares al anterior, que se difumina en el repaso, probablemente al haber leído también las posteriores y, con ello, tener una imagen más concreta de la sociedad. Aunque hay una cuestión específica que me plantea preguntas*.
En eso pensaron Greenpeace y Astiberri, que reunieron a un intrépido número de guionistas y dibujantes con la inaudita idea de proyectar un mundo donde el centro no sea la economía, sino las personas, y donde la economía gire alrededor de las personas y tenga en cuenta los límites planetarios...
Hiru Ahizpak, el primer cómic del volumen, narra tres cotidianas historias paralelas que se encuentran al final. En una de ellas un locutor de radio nos informa del problema del agua y de múltiples efemérides, dándonos una visión global del futuro que nos presenta; en otra una madre enseña a su retoña a plantar como indican las viejas enseñanzas; en la última un trío de amigas ensayan a la par que discuten qué nombre poner al grupo.
Harkaitz Cano e Iñaki Landa nos muestran un futuro donde lo colectivo prima sobre lo individual, conformando una sociedad que, quizás por decisión propia, ha renunciado al uso desmesurado de la tecnología. Un futuro que resulta extraño, rozando lo distópico, puede que porque no vislumbramos un mundo sin aparatitos de todo tipo o, quizás, porque siempre vemos el peligro de que una utopía se convierta en su reverso. En una segunda lectura se difumina la sensación de distopía, además de percibir más detalles que aportan información, como los asientos reutilizados. Eso sí, para hablar tanto de sequía todo está muy verde (no solo el huerto).
Núria Tamarit es la autora completa de Nuestro futuro anterior, cómic en el que Leo, la protagonista, se encuentra con un fantasma del pasado al que tendrá que explicar un presente donde la sociedad ha renunciado a mucho para vivir mejor, ganando con ello tiempo y relaciones sociales.
Un tebeo similar al primero, en cuanto es una especie de tour donde se nos expone la sociedad futura. También, en la primigenia lectura, provoca sensaciones similares al anterior, que se difumina en el repaso, probablemente al haber leído también las posteriores y, con ello, tener una imagen más concreta de la sociedad. Aunque hay una cuestión específica que me plantea preguntas*.
Vulnus, la tercera de las historias que componen la antología, Josune Urrutia, a la par que nos da algunas claves del evento que hace que el mundo cambie, se centra en los aspectos psicológicos, en los traumas que produce y en un grupo de apoyo que se crea para superarlos.
De las tres primeras historietas, para mí, es la mejor, ya que no se limita a hacernos una visita por la sociedad del momento, sino que nos la muestra. Curiosamente, poniendo el foco en lo personal se entiende mejor el necesario y obligado cambio que se toma en conjunto, alejándonos de esa sensación distópica que, lo que es a mí, me produjeron las dos primeras la primera vez que las leí. Quizás también ayude la elección del bitono, que le confiere mayor aridez a lo que se nos cuenta y, a pesar del sintético dibujo, le otorga mayor veracidad.
La torre de Babel es un muy curioso cómic dibujado como si fuera una vidriera. Curioso y también confuso en un inicio, pues une varias historias como si fueran una sola y no se lee a la manera tradicional del noveno arte, hay que seguir el camino que trazan Cristina Durán y Miguel Á. Giner Bou a través de puertas y pasillos. Como los otros, toca varios temas, como el transporte y la energía o la alimentación, centrándose en la asistencia sanitaria.
Dario Adanti, con su característico estilo, ahonda con La canción del mañana en el Gran Giro, y lo que lo motivó, a través de una canción, a la par que repasa la forma de vivir en comunidad de esta futura sociedad ecotópica y nos presenta a los "prepas", millonarios que se construyeron refugios donde sobrevivir a un supuesto apocalipsis. Un cómic divertido, muy vistoso en lo gráfico y con mucho ritmo.
Essel es una mediadora de La Senda que, junto su aprendiz Hío van a Andévora para investigar diversos sucesos, entre ellos una muerte. En La espiral de Andévora Miguel Brieva nos trae, con su realista y barroco estilo, uno de los tebeos más interesantes del compendio, pues se trata de un relato detectivesco a lo El nombre de la rosa (y los momentos más detectivescos de Star Wars) con una especie de Ursula K. LeGuin como mentora protagonista. Como en el resto de obras, se nos va ampliando la visión del mundo, difiriendo aquí respecto a otras al desarrollarse en entornos más urbanos, donde incluso se observan aparatos voladores y un mayor uso de la tecnología, probablemente porque se desarrolle en un futuro más lejano.
La narración es similar a la mencionada novela de Umberto Eco, manteniendo siempre cierta intriga y misterio en torno a lo que está sucediendo en el lugar. Sus 12 paginas cunden mucho, aunque su final peca de precipitado, olvidándose, por ejemplo, del supuesto asesinato. Merecería más páginas.
De las tres primeras historietas, para mí, es la mejor, ya que no se limita a hacernos una visita por la sociedad del momento, sino que nos la muestra. Curiosamente, poniendo el foco en lo personal se entiende mejor el necesario y obligado cambio que se toma en conjunto, alejándonos de esa sensación distópica que, lo que es a mí, me produjeron las dos primeras la primera vez que las leí. Quizás también ayude la elección del bitono, que le confiere mayor aridez a lo que se nos cuenta y, a pesar del sintético dibujo, le otorga mayor veracidad.
La torre de Babel es un muy curioso cómic dibujado como si fuera una vidriera. Curioso y también confuso en un inicio, pues une varias historias como si fueran una sola y no se lee a la manera tradicional del noveno arte, hay que seguir el camino que trazan Cristina Durán y Miguel Á. Giner Bou a través de puertas y pasillos. Como los otros, toca varios temas, como el transporte y la energía o la alimentación, centrándose en la asistencia sanitaria.
Dario Adanti, con su característico estilo, ahonda con La canción del mañana en el Gran Giro, y lo que lo motivó, a través de una canción, a la par que repasa la forma de vivir en comunidad de esta futura sociedad ecotópica y nos presenta a los "prepas", millonarios que se construyeron refugios donde sobrevivir a un supuesto apocalipsis. Un cómic divertido, muy vistoso en lo gráfico y con mucho ritmo.
Essel es una mediadora de La Senda que, junto su aprendiz Hío van a Andévora para investigar diversos sucesos, entre ellos una muerte. En La espiral de Andévora Miguel Brieva nos trae, con su realista y barroco estilo, uno de los tebeos más interesantes del compendio, pues se trata de un relato detectivesco a lo El nombre de la rosa (y los momentos más detectivescos de Star Wars) con una especie de Ursula K. LeGuin como mentora protagonista. Como en el resto de obras, se nos va ampliando la visión del mundo, difiriendo aquí respecto a otras al desarrollarse en entornos más urbanos, donde incluso se observan aparatos voladores y un mayor uso de la tecnología, probablemente porque se desarrolle en un futuro más lejano.
La narración es similar a la mencionada novela de Umberto Eco, manteniendo siempre cierta intriga y misterio en torno a lo que está sucediendo en el lugar. Sus 12 paginas cunden mucho, aunque su final peca de precipitado, olvidándose, por ejemplo, del supuesto asesinato. Merecería más páginas.
Flavita Banana nos resume en Nuevas eternidades, con mucho humor y su característico y rupestre estilo, lo que llevó a que la sociedad parara y diera un volantazo a la vez, mencionando por primera vez el gran despertar que, imagino, debió ser el precedente al Gran Giro. Un cómic, por tanto, también explicativo, que imagina un mundo conectado a través del tren magnético (muy sostenible no me parece una red ferroviaria que atraviese océanos... salvo que el tren levite sobre las aguas sin necesidad de vías ni nada que se le parezca), donde el uso del televisor y otros aparatos va por turnos (aunque me parece más lógico tener, por ejemplo, una o varias salas de audiovisuales por comunidad), donde, por tanto, se ha abandonado el consumo masivo. Entretenido y con algún buen gag.
Además de los tebeos, el libro recoge una introducción donde se exponen las intenciones del volumen y lo que lo motivó, un epílogo de Eva Saldaña, una bibliografía con obras, en diferentes formatos, recomendadas, y breves biografías de los y las participantes.
Respecto a la edición, lo primero que hay que destacar es que su portada atrapa la mirada gracias a sus llamativos colores y la bonita ilustración de Núria Tamarit, con un gran árbol habitado por diferentes personajes. Su formato de 12x26 cm. es generoso pero permite su cómoda lectura en transporte público (en horas puntas quizás no), cosa que ayuda también la encuadernación en rústica (con solapas) y que tenga 112 páginas. Como he apuntado muchos de los cómics son en color, pero otros apuestan por el blanco y negro e, incluso, por el bitono. Su precio de salida fue de 17 euros.
Ecotopías: Imaginar el futuro para cambiar el presente no solo propone un ejercicio de imaginación, sino que dialoga con el lector para hacer ver la importancia de ver otros futuros posibles, aparentemente inasibles, pero que, quizás, entre todos, colaborando y no compitiendo, los construyamos. Además, las historias se han inspirado en proyectos reales y escalables, por lo que aunque puedan sonar a pura teoría, y a pesar de esa sensación antiutópica que puede generar alguna, la única excusa está en las resistencias del propio sistema en el que estamos atrapados.
En todo caso, y yendo al interés de las historietas en sí, estamos ante una antología que nos muestra, partiendo de una misma base, la visión de porvenires más justos y sostenibles por parte de un heterogéneo grupo de artistas, yendo de tebeos más explicativos o que se esfuerzan en introducirnos en el mundo que idean, a otros centrados en unos personajes y, a través de ellos, muestran la sociedad en la que viven. Personalmente prefiero los del segundo grupo pero, al ser narraciones breves, también veo lógico que alguna de ellas nos aporten nociones básicas de su Historia para situarnos mejor. Siendo todas amenas, apostando mayoritariamente por el humor o, al menos, sin dramatizar en exceso. Si publican una segunda entrega tienen un lector asegurado.
Además de los tebeos, el libro recoge una introducción donde se exponen las intenciones del volumen y lo que lo motivó, un epílogo de Eva Saldaña, una bibliografía con obras, en diferentes formatos, recomendadas, y breves biografías de los y las participantes.
Respecto a la edición, lo primero que hay que destacar es que su portada atrapa la mirada gracias a sus llamativos colores y la bonita ilustración de Núria Tamarit, con un gran árbol habitado por diferentes personajes. Su formato de 12x26 cm. es generoso pero permite su cómoda lectura en transporte público (en horas puntas quizás no), cosa que ayuda también la encuadernación en rústica (con solapas) y que tenga 112 páginas. Como he apuntado muchos de los cómics son en color, pero otros apuestan por el blanco y negro e, incluso, por el bitono. Su precio de salida fue de 17 euros.
Ecotopías: Imaginar el futuro para cambiar el presente no solo propone un ejercicio de imaginación, sino que dialoga con el lector para hacer ver la importancia de ver otros futuros posibles, aparentemente inasibles, pero que, quizás, entre todos, colaborando y no compitiendo, los construyamos. Además, las historias se han inspirado en proyectos reales y escalables, por lo que aunque puedan sonar a pura teoría, y a pesar de esa sensación antiutópica que puede generar alguna, la única excusa está en las resistencias del propio sistema en el que estamos atrapados.
En todo caso, y yendo al interés de las historietas en sí, estamos ante una antología que nos muestra, partiendo de una misma base, la visión de porvenires más justos y sostenibles por parte de un heterogéneo grupo de artistas, yendo de tebeos más explicativos o que se esfuerzan en introducirnos en el mundo que idean, a otros centrados en unos personajes y, a través de ellos, muestran la sociedad en la que viven. Personalmente prefiero los del segundo grupo pero, al ser narraciones breves, también veo lógico que alguna de ellas nos aporten nociones básicas de su Historia para situarnos mejor. Siendo todas amenas, apostando mayoritariamente por el humor o, al menos, sin dramatizar en exceso. Si publican una segunda entrega tienen un lector asegurado.
LO MEJOR:
-La idea misma, la de crear historias para creer que un futuro mejor no solo es deseable, sino posible.
-Una selección diversa, tanto en lo que se refiere al dibujo como a guion, que pide una relectura.
-Una edición muy vistosa, con su colorida cubierta entra por los ojos nada más verla.
-Sin desmerecer el resto, Vulnus, La canción del mañana y La espiral de Andévora son las que más me han gustado.
LO PEOR:
-Esa sensación de distopía que me generaron los dos primeros cómics (en su primera lectura). La línea que separa una utopía de su contrario es muy fina.
Una pregunta:
Lo que no plantea ni muestra ninguna de las historias, es la cuestión de la natalidad y el control de la expansión humana. ¿Se establece un número máximo de hijos?, ¿se otorgan permisos?, ¿el nivel cultural es suficientemente alto para que las ciudadanas y ciudadanos están concienciados al respecto? Quizás es un tema demasiado espinoso para acercarse a él con tan solo un puñado de páginas.
Otros tebeos con los que reflexionar:
Arrugas
El cazador de rayos
Nausicaä del Valle del Viento
El viaje de Shuna
Buda
*La prota dice que cuando cumpla 18 podrá viajar en avión una vez al año, lo que plantea cuestiones como que entonces las familias con menores no podrían hacerlo. Como apunte personal me resulta curioso, porque es cierto que hay muchas personas que toman el avión casi hasta para ir al baño, no obstante en mi caso raramente suelo viajar en dicho medio, por lo que esa norma no sería de las que me afectaran especialmente.
-La idea misma, la de crear historias para creer que un futuro mejor no solo es deseable, sino posible.
-Una selección diversa, tanto en lo que se refiere al dibujo como a guion, que pide una relectura.
-Una edición muy vistosa, con su colorida cubierta entra por los ojos nada más verla.
-Sin desmerecer el resto, Vulnus, La canción del mañana y La espiral de Andévora son las que más me han gustado.
LO PEOR:
-Esa sensación de distopía que me generaron los dos primeros cómics (en su primera lectura). La línea que separa una utopía de su contrario es muy fina.
Una pregunta:
Lo que no plantea ni muestra ninguna de las historias, es la cuestión de la natalidad y el control de la expansión humana. ¿Se establece un número máximo de hijos?, ¿se otorgan permisos?, ¿el nivel cultural es suficientemente alto para que las ciudadanas y ciudadanos están concienciados al respecto? Quizás es un tema demasiado espinoso para acercarse a él con tan solo un puñado de páginas.
Otros tebeos con los que reflexionar:
Arrugas
El cazador de rayos
Nausicaä del Valle del Viento
El viaje de Shuna
Buda
*La prota dice que cuando cumpla 18 podrá viajar en avión una vez al año, lo que plantea cuestiones como que entonces las familias con menores no podrían hacerlo. Como apunte personal me resulta curioso, porque es cierto que hay muchas personas que toman el avión casi hasta para ir al baño, no obstante en mi caso raramente suelo viajar en dicho medio, por lo que esa norma no sería de las que me afectaran especialmente.




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