29 diciembre 2016

Hasta el último hombre

Diez años llevaba Mel Gibson sin dirigir una película, desde la fantástica Apocalypto y, sinceramente, tenía ganas de que volviera a ponerse tras las cámaras, cosa que no parecía que iba a suceder viendo que intentaba relanzar su carrera como actor. De hecho, se suponía que estaba siendo el director artístico de un film chino, así que me cogió por sorpresa hace pocos meses el leer las primeras noticias de lo nuevo del realizador de Braveheart. Desde ese momento marqué el título como una cita ineludible.

Desmond Doss se alista en el ejército como casi todos los jóvenes de su pueblo, solo que él no está dispuesto a empuñar un arma. Pero a pesar que en las filas le consideran un cobarde y alguien de quien no se puede confiar, y no le ponen las cosas nada fáciles, se mantiene firme, irá a la guerra pero no para sesgar vidas, sino para salvarlas.

Es extraño que una historia como la de Desmond Doss, que contiene tantos elementos de los que gustan a los estudios de Hollywood, nunca haya sido llevada a la gran pantalla hasta ahora. La historia de un hombre que se negó a matar durante la Segunda Guerra Mundial y que salvó a 75 soldados, la del primer objetor de conciencia que recibió la Medalla de Honor del Congreso (estadounidense); ello se debe en gran medida al desinterés del propio Desmond por vender su historia, cuyos derechos finalmente cedió a su Iglesia y, posteriormente, a los bandazos propios que suelen dar los proyectos cinematográficos, entre ellos la negativa en dos ocasiones de Gibson a dirigirla, al cual no lograron convencerle hasta la tercera. Estamos pues, al contrario que sus otros filmes, ante un encargo que ha hecho suyo, destila los rasgos de su cine, quizá nada sutil, pero sí muy eficaz e impactante.

La estructura del relato de Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, 2016) personalmente me ha recordado, sobre todo en su primera mitad, a Braveheart, comenzando con el protagonista de niño, con un hecho (una acción propia) que le impactó y le hizo fijar sus ideales, pasando luego a su juventud y, por supuesto, conociendo el amor. Aquí, desde luego, no va a la guerra por venganza, de hecho va sin intenciones de matar, pero no cabe duda de que a la hora de rodar las batallas Gibson no ha querido endulzarlas o maquillarlas, sino que ha apostado por mostrar, como hizo en las increíbles y épicas luchas del mencionado filme, la crudeza de las balas y las bombas desde ese primer instante que los soldados suben al acantilado y acribillan a uno de ellos dejando apenas una masa de carne agujereada. Una imagen muy dura con la que da comienzo la pesadilla de los personajes.
Antes de esa pesadilla, como he anotado, se nos muestra el entorno del protagonista, su pasado y su historia de amor... Dicha parte, si bien es necesaria para conectar con el personaje y la historia, es la menos interesante, haciéndose incluso un poco larga. El segundo acto de la historia nos traslada al campamento de adiestramiento, donde vemos la incomprensión de todos por el hecho de que alguien que se aliste se niegue a empuñar un arma, sugiriendo incluso que es un enfermo mental, calificándolo de cobarde y haciendo lo posible para que abandone las filas. No obstante Desmond tiene claras sus convicciones, así que con perseverancia y algo de suerte logra ser aceptado, aunque a regañadientes. En la tercera parte la acción se traslada a Okinawa, y es sin duda donde encontramos los momentos más impactantes, emocionantes y emotivos, con unas batallas muy espectaculares y tensas, con momentos que, curiosamente, me han recordado a Starship Troopers (la miríada de japoneses de los túneles saliendo tras los yanquis, estos últimos tirando bombas en dichos túneles, la violencia misma de algunas imágenes). Y, cómo no, el muchacho delgaducho que muchos consideraban pusilánime se ganará el respeto de sus compañeros tras una infernal carnicería.

Después de “fracasar” como el hombre araña en The Amazing Spider-Man y su secuela, Andrew Garfield tiene más de un proyecto de interés, como la cinta que nos ocupa o la próxima película de Scorsese, Silencio; como Desmond Doss lo que es a mí me ha convencido, quizá no sea un papel con el que vaya a obtener grandes premios pero hace un buen trabajo y creo que le servirá para obtener más trabajos interesantes en el futuro. Sam Worthington (Avatar, La deuda) es uno de sus superiores, un hombre que no cree en él pero que no tendrá otra que reconocer su valía; siendo Vince Vaughn, actor al que últimamente  vemos más en comedia (como De boda en boda) pero que pisa el drama a menudo (True Detective, Regreso al paraíso) el sargento Howell, un tipo duro pero de buen corazón. Por cierto el progenitor de protagonista está encarnado por un gran Hugo Weaving (Capitán América: El primer vengador) bastante desmejorado, un tipo alcohólico que no parece un modelo a seguir; dando vida a la sufrida madre Rachel Griffiths (Cinco hermanos), y mientras que el interés amoroso es Teresa Palmer (Triple 9). El elenco es bastante variado, así que, como curiosidad, apuntaré que uno de los hijos de director, Milo Gibson, también participa en la cinta como actor (en el que es su debut) y un segundo hijo como cámara.

Hasta el último hombre es una notable cinta bélica, con una primera parte a la que le falta algo o simplemente le sobran algunos minutos, pero que resulta compensada por el terrible escenario bélico final, donde se muestra la crudeza y la locura de la guerra. Gran regreso del Mel Gibson director.


LO MEJOR:
-Que Mel Gibson vuelva a dirigir, y que lo haya hecho con una cinta muy interesante. Esperemos que no tarde otra década en hacerlo.
-Sin desmerecer el resto, desde el momento que pisan Okinawa la cinta sube muchos puntos.
-No tiene nada que ver con la película pero..., que, al parecer, el proyecto de la cinta de vikingos que iba a dirigir Gibson hace unos años no está muerto del todo.

LO PEOR:
-El enemigo es casi como un fantasma, apenas está definido con unas pinceladas, falta algo del drama de los japoneses. Aunque es difícil meterlo simplemente por el punto de vista que adopta el relato.
-El individuo de la butaca de al lado, que no dejaba de comentar la película, además de insistir en llamar chinos a los japoneses.

¿Quién debería verla?
Cualquiera que guste del cine bélico y, desde luego, aquellos que disfrutaran con las anteriores incursiones de Mel Gibson en la realización.

¿Y quién no?
Mentes muy sensibles a desmembramientos y demás heridas de guerra.

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