19 marzo 2020

17 Muestra Syfy de Cine Fantástico

 
Del 5 al 8 de marzo, y a pesar del coronavirus, muchos valientes (o inconscientes) cinéfilos de toda calaña, nos reunimos en los madrileños cines Palacio de la Prensa para degustar un menú de 15 platos (más un par de extras) en una nueva edición de la Muestra Syfy de Cine Fantástico.

A pesar de que un servidor no acudió con  tantas ganas como en otras ocasiones, no tardó en entrar en calor tras una cinta inaugural bastante apañada y un inicio del viernes tirando a flojo. Y es que el nivel general ha estado por debajo de las dos últimas ediciones, pero aún así entre las películas que visioné más de una me sorprendió positivamente.

5 de marzo, jueves
Ya parece una tradición que sea un film de Disney el que inaugure la Muestra, siendo en esta ocasión una producción de Pixar dirigida por Dan Scanlon (Monstruos University) la elegida para ello, un emotivo y divertido drama de aventuras familiar, con mucho humor y situado en un mundo fantástico poblado por todo tipo de criaturas mágicas que han dejado de usar y creer en la magia... porque la tecnología les pone las cosas más fáciles. Pero Barley sigue creyendo en la magia, así que el día que su hermano menor, Ian, cumple 16 y su madre les da un cayado mágico de su fallecido padre, emprenderán un viaje en busca de un objeto que les permita traer a su añorado progenitor durante todo un día.

Algunos compañeros de la Comunidad de la Muestra quedaron muy contentos con esta película, les tocó la fibra sensible, y a mí también, solo que menos. Y es que Pixar aplica una fórmula ya conocida (y que funciona) pero no arriesga, y eso que el mundo donde desarrollan la acción da para mucho (no me extrañaría que hicieran más pelis ubicadas en él). Así que sí, me reí, me lo pasé bien e incluso en algún punto llegó a emocionarme algo, pero no me hizo la suficientemente huella como para considerarla una película destacable dentro de la filmografía de un estudio que tiene muchas joyas.

6 de marzo, viernes
El primer día fuerte de la Muestra Syfy comenzó con una cinta tailandesa que da mucho pie a la mandanga habitual, y es que no tiene ni pies ni cabeza.

Day es un técnico amante (y adiestrador) de los perros que está trabajando en un rodaje en una gran piscina a punto de ser clausurada, al que tras la larga noche de rodaje se le apetece mucho quedarse tumbado en su colchón hinchable sobre sus cristalinas aguas, y eso que un amigo le advierte de que se está vaciando. Cuando se despierta no puede salir de la misma, pero cuando las cosas no pueden ir a peor, llega un cocodrilo. Escrita y dirigida por Ping Lumpraploeng (Khon hew hua), The Pool (ídem, 2018) es un despropósito de principio a fin. Los personajes son increíblemente estúpidos (el cómo acaban en el fondo de una piscina es para llevarse las manos a la cabeza), las situaciones son del todo inverosímiles pero, lo peor, es que encima Lumpraploeng nos quiere aleccionar sobre lo malo que es el aborto (“el aborto es delito, y además pecado”), vamos, que es un film con ambiciones. Y por ello se toma en serio a sí mismo, aunque es imposible tomárselo en serio, cada ocurrencia es más absurda que la anterior, y es gracias a ello que se sobrelleva mejor e, incluso, se lo puede pasar uno bien si el ambiente acompaña.
Blood Quantum (ídem, 2019) fue la película de la segunda sesión del día, Jeff Barnaby (Rhymes for Young Ghouls), su director y guionista parece que no convenció a muchos, pero a mí sí. Y comprendo que no salieran contentos con esta historia de zombis con mensaje político y reivindicativo respecto a los nativos norteamericanos, personalmente me chocó el montaje en más de una ocasión, que hacía elipsis un poco raras (por ejemplo), algunos de mis compañeros también apuntaron que los actores no es que estuviesen muy finos. Ahí personalmente no coincido tanto, ya que si bien tampoco me deslumbraron, creo que la mayoría cumple su cometido a pesar de que el desarrollo de algunos de los personajes no es que sea redondo. No obstante, esa metáfora nada sutil de que solo sean los nativos los inmunes al virus y el que se le haya dado un tratamiento realista a la historia, así como un cierto mensaje ecologista, me mantuvieron interesado en todo momento, y también ayudó bastante las buenas dosis de acción y el abuelo con la catana.

Este año no tenía muchas expectativas respecto a ninguna película, pero Synchronic (ídem, 2019) sí me despertó un mayor interés que el resto. Las razones es que los directores son los mismo de la notable El infinito, que pude disfrutar en la 15 Muestra Syfy, y su competente reparto encabezado por Anthony Mackie y Jamie Dornan. Y al principio parece cumplir las expectativas, con un interesante prólogo donde vemos a algunos personajes en sendos viajes muy chungos; de hecho la premisa es altamente interesante, y si Justin Benson y Aaron Moorhead hubiesen estado inspirados probablemente estaríamos hablando de un peliculón, pero no, da la impresión de que sabían de dónde venían y adónde querían llegar pero no el cómo, quedando un film notablemente descafeinado con alguna secuencia apañada suelta, pero que cae en la reiteración y, además, su clímax carece de emoción.

La siguiente sesión fue Bacurau (ídem, 2019), una coproducción entre Brasil y Francia dirigida y escrita por Kleber Mendoça Filho (Doña Clara) y Juliano Dornelles, que nos sitúa en un pueblecito perdido de la amazonia, tanto, que de repente parece haber desaparecido del mapa. A este extraño hecho le seguirán otros, y pronto todos los habitantes tendrán que unirse para hacer frente a un enemigo que se cree superior. Muy curiosa cinta, que mezcla elementos del western, la ciencia ficción (transcurre en un futuro cercano), sus buenas dosis de acción y un sentido del humor de lo más peculiar (su tono me recordó en ocasiones a Los buenos modales) y lo hace además hablando sobre el imperialismo y, también, que si el pueblo permanece unido puede vencer.

Para rematar el día se programó una comedia de zombis, Shed of the Dead (ídem, 2019). De esta película se puede escribir muchas cosas, pero ninguna buena. Y es que el guion de Drew Cullingham (The Devil's Bargain) tiene casi menos chispa e inventiva que su trabajo como director; los diálogos son sonrojantes y dan hasta para echarse más de una cabezada, por no hablar de unos personajes que a cada cual cae peor, tanto los masculinos, que son mezquinos y machistas a más no poder, como los femeninos, que son ciertamente odiosos. A todos y cada uno de ellos les deseó la muerte (en voz alta) el público.

7 de marzo, sábado
La Muestra Syfy comenzó con una animada sesión matinal protagonizada por unos cantarines trolls con muchos colorines, pero salvo Heitor y su prole, creo que nadie más fue a verla. Le gustó bastante, por cierto.

A la primera sesión de la tarde sí que nos unimos más y, por fortuna, The Cleansing Hour (ídem, 2019) fue una alegre sorpresa. Dirigida por Damien LeVeck (parece que partiendo de un corto suyo), cuenta la historia de dos amigos que se dedican a emitir por internet supuestos exorcismo reales y que la cosa se les desmadra cuando se tienen que enfrentar a uno de verdad. Su reparto lo hace muy bien (destacaría la labor de Alix Angelis y sus angelicales ojos) y en su desarrollo que va mostrando trapos sucios de los protagonistas además de criticar el uso que se les da a las redes sociales. Tiene un momento de enfrentamiento de machirulos que no nos gustó a ninguno (creo que todos nos preguntamos: ¿dónde está el problema?), pero el resto resultó muy refrescante, mezcla bien el terror, buenas dosis de humor y unos efectos especiales currados con algún que otro instante que llega a sorprender (véase el bicho del final).
Tras salir contento de la sala, tocó volver a entrar para ver Rabid (ídem, 2019), remake de una película de David Cronenberg de 1977, la protagoniza Laura Vandervoort, que todos conocemos gracias a su participación en Smallville. Supuestamente es un film que critica el mundo de la moda, pero si lo hace es algo más bien suavecito (al final algo más),  pero más allá de eso, es entretenida pero irregular, destacando la labor de la mencionada actriz principal.

La tercera película de la tarde, The Lodge (ídem, 2019) se notaba que generaba un mayor interés, ya que formó una estimable cola para acceder a las salas. Y dicho interés estaba plenamente justificado según mi punto de vista, ya que esta historia dirigida por el tándem formado por Severin Fiala y Veronika Franz (Buenas noches, mamá), tiene una magnífica atmósfera (con mucha simbología religiosa) y un desarrollo pausado que va generando tensión poco a poco, además el giro de su último tercio a mí me convenció. Eso sí, en la Sala 1 hubo sobre todo uno o dos grupos de personas que no le dieron tregua, pero a diferencia de otras ocasiones me abstraje lo suficiente como para olvidarme de sus incordiantes voces, pero probablemente la habría disfrutado más en la Sala 2 (yo, y otros muchos).

Si hubo cola para The Lodge no era nada si la comparamos con la que formó la (pen)última película de Nicolas Cage, Color Out of Space (ídem, 2019), adaptación libre de un relato de Howard Phillips Lovecraft, donde un extraño meteorito cae en los terrenos de Nathan Gardner, un ganadero de alpacas, a partir de lo cual empezarán a pasar cosas muy raras. Parece que no disgustó del todo, pero a mí se me hizo un poco cuesta arriba.

La sesión más golfa de la jornada fue Satanic Panic (ídem, 2019), una comedia de terror con Rebeca Romijn (X-Men) haciendo de la líder de una secta satánica, a la que se ve sometida la pobre Samantha (Hayley Griffith), una repartidora de pizzas en su primer día de trabajo. Se agradece que no se tome en serio a sí misma, aunque la historia plantee de cierta manera la lucha de clases, y sobre todo que tenga personajes tan simpáticos como la mencionada repartidora o Judi (Ruby Modine), pero a mí juicio no es un festival de diversión.

8 de marzo, domingo

El Día Internacional de la Mujer estaba ausente Leticia Dolera y sus divertidas presentaciones, pero seguía habiendo Muestra.
La sesión matinal rememoró a un clásico ochentero dirigido por Robert Zemeckis, Regreso al futuro, que preferí perderme para dormir más, y la primera sesión de la tarde trajo el anime Human Lost (Ningen Shikkaku, 2019), que pude disfrutar en el IV Ciclo de Cine Japonés y revisioné a pesar de ello. Se trata de una adaptación (doy por hecho que muy libre) de Indigno de ser humano, una famosa novela de Ozamu Dazai, que dirige Fuminori Kizaki (Afro Samurai), y que tiene como evidentes referentes a Akira, Neon Genesis Evangelion, Ghost in the Shell, aliñada con alguna que otra gota de Resident Evil. Se trata de una cinta un poco dura de ver, ya que en ocasiones da demasiada información y en otras (sobre todo al inicio) muy poca, pero tiene buenas dosis de acción y una animación que a pesar de ser CGI tiene un buen nivel.

La siguiente película, Le Daim (ídem, 2019) era otro misterio para mí, tan solo sabía que la protagonizaba el mismo actor que The Artist, Jean Dujardin, desconocía que le acompañaba en el reparto Adèle Haenel (Retrato de una mujer en llamas), y también que el director y guionista, Quentin Dupieux, era el mismo de Rubber. Y no saber nada creo que es lo mejor para esta extravagante y originalísima obra, porque uno al principio anda absolutamente perdido, a ciegas, viendo el deambular de su protagonista sin saber los porqué, que se van desvelando poquito a poco y, aún así, no deja de ser tan absurda como deliciosa en su desparpajo y sentido del humor. Tiene algún detalle negativo, como cierto personaje (el de Marie Bunel) que aparece y desaparece igual de rápido, pero la ovación que se llevó al aparecer los títulos de créditos finales fue bien merecida.

Takashi Miike es un realizador tremendamente prolífico y ecléctico (e irregular), lo mismo te hace la adaptación de un manganime (como JoJo's Bizarre Adventure o La espada del inmortal), como estupendas nuevas versiones de clásicos del chanbara (la magnífica 13 asesinos es el mejor ejemplo) o infinidad de filmes de serie B para abajo, así que se me apetecía ver First Love (Hatsukoi, 2019) pero era relativamente prudente ante su visionado. Mas por suerte estamos ante la mejor versión del cineasta nipón, todo un derroche de buen cine con unos personajes esperpénticos y entrañables, con muchos planes que salen mal y humor y acción en generosas dosis. Todo un disfrute.

La película de clausura se resistió, y mucho. Y es que, previo a la misma, nos iban a ofrecer un adelanto exclusivo de Un lugar tranquilo 2, pero ese adelantó no dejaba de atrasarse, tanto, que incluso unos buenos mandanguers nos entretuvieron con un quiz cinéfilo (de Brain Picnic) dujrante un prolongado rato. Tras muchos minutos, la organización nos emplazó a movernos a la Sala 3, pues el proyector se había quedado bloqueado (esto no pasaba con los proyectores de 35 mm), pero el que no pudiera tenía la opción de dar sus datos, ya que intentarían compensarlos próximamente.

Un servidor fue el único de la Comunidad de la Muestra que se quedó a ver The Boy: La maldición de Brahms (Brahms: The Boy II, 2020), una efectiva y entretenida cinta de terror con muñeco maldito, con constantes sobresaltos y una esforzada Katie Holmes muy preocupada por su retoño (Christopher Convery) y su obsesión por el siniestro muñeco de marras. No es que sea muy original, pero no me arrepentí de quedarme a verla, siendo una buena manera de despedir la Muestra.


Conclusiones
El nivel medio de las dos ediciones precedentes era mayor, pero aún así la 17 Muestra Syfy de Cine Fantástico ha tenido varias películas que no solo nos han entretenido, sino también sorprendido, como Le Daim, The Cleansing Hour, First Love o Bacurau. Además ha habido cierta diversidad de géneros, desde la ciencia ficción al terror, pasando por propuestas que son más difíciles de clasificar, hecho que al menos yo agradezco siempre como espectador, más cuando se ven tantas películas seguidas.

El día más fuerte sin duda fue el domingo, tanto el viernes como el sábado resultaron más irregulares (con Shed of the Dead en lo más alto del podio, con gran ventaja, como la peor película), pero por suerte en todas las jornadas hubo una mínima dosis de buen cine.

Como nota negativa, como ya se ha dado en otras ocasiones desgraciadamente, está el hecho de que algunas personas no sepan modular el nivel de mandangueo, diciendo cosas cuando no venía a cuento y reiterándose en chistes que solo le hacían gracia a ellos, saturando de paso al resto; asimismo, ciertos elementos de la Sala 3 se pasaron de la raya con algunos comentarios. También se han echado en falta los cortos españoles.

Para la edición de 2021 esperemos que suba un punto el nivel medio y se mantenga la diversidad, o sea, que no se centren en un género o subgénero, que sigan programando anime (insisto) o al menos una de animación (y no solo en sesión matinal), y que Leticia Dolera vuelva a pasarse para presentar unas cuantas sesiones (por lo menos).

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