Kei Kurono es un solitario estudiante de instituto desapegado de su familia y con una vida anodina, sin muchas perspectivas ni esperanzas. Un día, esperando el metro, acaba ayudando a un vagabundo borracho que cae a la vía, pero tanto él como su viejo amigo Masaru Kato son arrollados. No obstante, en vez de morir se despiertan en una habitación frente a una esfera negra y unos desconocidos.
Desde que se publicara por primera vez, sentía curiosidad por la exitosa obra de Hiroya Oku, pero no me terminaba de animar porque era muy larga y porque me parecía muy sensacionalista, que buscaba generar morbo por encima de todo. Pero me regalaron el anime y me gustó más de lo que pensaba, dejándome el gusanillo de leer la fuente original, la cual no tenía ninguna biblioteca cercana, pero sí que la vendían por un precio competente en una aplicación de productos de segunda mano.
Gantz no solo parece una historia sensacionalista, sin duda la es. Forma parte del estilo Oku usar la violencia extrema, los desnudos de chicas imposiblemente exuberantes y el sexo para atraer a los lectores (y no me extraña que lo consiga), pero si solo fuera por esas tres cosas su rango de popularidad sería mucho más estrecho, limitándose a un nicho específico. Si tenemos en cuenta que Gantz cuenta con un díptico de acción real (y otra peli para televisión) y un largometraje de animación 3D (aparte del mencionado anime), varios mangas derivados, novelas ligeras y un videojuego, creo que supera ampliamente el nicho y nos encontramos ante un tebeo que ha hecho mella en un amplio espectro de aficionados.
Desde que se publicara por primera vez, sentía curiosidad por la exitosa obra de Hiroya Oku, pero no me terminaba de animar porque era muy larga y porque me parecía muy sensacionalista, que buscaba generar morbo por encima de todo. Pero me regalaron el anime y me gustó más de lo que pensaba, dejándome el gusanillo de leer la fuente original, la cual no tenía ninguna biblioteca cercana, pero sí que la vendían por un precio competente en una aplicación de productos de segunda mano.
Gantz no solo parece una historia sensacionalista, sin duda la es. Forma parte del estilo Oku usar la violencia extrema, los desnudos de chicas imposiblemente exuberantes y el sexo para atraer a los lectores (y no me extraña que lo consiga), pero si solo fuera por esas tres cosas su rango de popularidad sería mucho más estrecho, limitándose a un nicho específico. Si tenemos en cuenta que Gantz cuenta con un díptico de acción real (y otra peli para televisión) y un largometraje de animación 3D (aparte del mencionado anime), varios mangas derivados, novelas ligeras y un videojuego, creo que supera ampliamente el nicho y nos encontramos ante un tebeo que ha hecho mella en un amplio espectro de aficionados.
Obviamente, quien eche solo un ojo a sus páginas se quedará con la imagen de sus descarnados combates o los pin-up de las neumáticas chicas Oku, cuyas curvas y, especialmente, bustos superan cualquier ley de la física. Pero si se atreven a ir más allá y sumergirse en su historia, encontrarán que no todo es gratuito.
Porque, en efecto, hay una historia detrás de los personajes y situaciones extremas que justifica su forma de ser y actuar, y es cuando uno conoce eso cuando se da cuenta que no todo es el morbo por el morbo. Un ejemplo muy claro es el propio protagonista, Kei Kurono, un adolescente notablemente repelente al principio, obsesionado por el sexo, extremadamente egoísta (como la mayoría de los personajes), incapaz de hacer nada por los demás (o casi), pero que, a medida que va superando avatares y tejiendo relaciones, irá aprendiendo que colaborar es esencial para avanzar e irá recordando aquel que fue una vez. Y mientras eso pasa los lectores también vamos conociendo cómo se siente y el porqué de su actitud, observando con agrado su evolución, e incluso emocionándonos al ver su relación con Tae (que es una de las partes más destacadas de la obra).
Más allá de la pura acción, el gore y el sexo, Gantz toca diversos temas de forma directa y cruda, como el acoso escolar (varios de los personajes lo sufren), la depresión, el aislamiento social, el individualismo extremo..., y aunque quizás se le pueda poner la pega de que no profundiza en los temas sociales que trata, sí que pone el foco sobre ellos durante muchas páginas, logrando que la historia no sea un mero enfrentamiento tras enfrentamiento contra enemigos más fuertes en cada ocasión. Hablando del supuesto enemigo, se da la situación de que se va generando la duda de si lo son tantos, pues, en los primeros tomos al menos, no toman la iniciativa de atacar, siendo los gantzer, la mayoría obligados por las circunstancias, los que disparan primero.
Además, a Oku, como afirma en la entrevista que se recoge por entregas en las últimas páginas de buena parte de los tomos, le gusta sorprender y lo consigue, ya sea mediante giros de guion (con la aparición de nuevos agentes intervinientes, secretos que se desvelan o incógnitas que se resuelven, y muertes, muchas muertes) o la confrontación con rivales sorprendentes (y siempre lo logra). Esto hace que rice el rizo a menudo, y también que se creen más incógnitas que aumentan el suspense, pero trae algunos problemas consigo. Muchos los resuelve elegantemente en el transcurrir de la historia, pero otros se quedan olvidados, como organizaciones que tienen un fuerte peso en la trama (los vampiros o los ricachones que controlan las esferas en la Saga de la catástrofe) esfumándose tan rápido (o más) que como hicieron acto de presencia o terminándose con ellos bruscamente.
Además, a Oku, como afirma en la entrevista que se recoge por entregas en las últimas páginas de buena parte de los tomos, le gusta sorprender y lo consigue, ya sea mediante giros de guion (con la aparición de nuevos agentes intervinientes, secretos que se desvelan o incógnitas que se resuelven, y muertes, muchas muertes) o la confrontación con rivales sorprendentes (y siempre lo logra). Esto hace que rice el rizo a menudo, y también que se creen más incógnitas que aumentan el suspense, pero trae algunos problemas consigo. Muchos los resuelve elegantemente en el transcurrir de la historia, pero otros se quedan olvidados, como organizaciones que tienen un fuerte peso en la trama (los vampiros o los ricachones que controlan las esferas en la Saga de la catástrofe) esfumándose tan rápido (o más) que como hicieron acto de presencia o terminándose con ellos bruscamente.
Un detalle que me ha mosqueado especialmente es la imagen que se da de la homosexualidad. No hay ninguna representación positiva. Un personaje abiertamente gay resulta ser un violador, cuando se insinúa que otro pudiera serlo la reacción del resto es digna de un instituto de secundaria en los 90 (o más atrás)... En alguna ocasión puede ser humor fallido, pero también podría denotar cierta homofobia por parte del autor o, simplemente, la intención de representar la conocida homofobia de la sociedad japonesa (y eso que el BL triunfa). También puede ser fruto de su tiempo, puesto que cuando pasan los tomos no se vuelve a repetir.
Hiroya Oku tiene un estilo de dibujo muy reconocible, de acabado realista tanto en los personajes como en los escenarios. De hecho, para los segundos, al situar la acción en localizaciones reales, utiliza fotografías para los fondos, siendo por tanto muy detallados. Eso desde el principio, pero el grado de detalle va incluso aumentando con el paso de los volúmenes (a partir del décimo se nota especialmente), dibujando auténticos retratos en ocasiones (algún primer plano de Reika en sus primeras apariciones, por ejemplo, asombran por su belleza) y sorprendiéndonos con los diseños de las criaturas, especialmente en la Saga de Osaka, con una gran galería de monstruos inspirados en la mitología nipona diseñados de forma realista y dibujados minuciosamente. Oku también fue pionero en el dibujo por ordenador, realizando elementos mecánicos (desde armas, algunos vehículos hasta robots gigantes y colosales naves) y alienígenas mediante herramientas CGI. Esto es útil para quitar carga de trabajo y, en líneas generales, están bien integrados; además, le da un toque más extraño si cabe a muchos monstruos. No todo es perfecto, ya que en ocasiones la escala se le va (como cuando la niña extraterrestre abraza a Tae).
Hiroya Oku tiene un estilo de dibujo muy reconocible, de acabado realista tanto en los personajes como en los escenarios. De hecho, para los segundos, al situar la acción en localizaciones reales, utiliza fotografías para los fondos, siendo por tanto muy detallados. Eso desde el principio, pero el grado de detalle va incluso aumentando con el paso de los volúmenes (a partir del décimo se nota especialmente), dibujando auténticos retratos en ocasiones (algún primer plano de Reika en sus primeras apariciones, por ejemplo, asombran por su belleza) y sorprendiéndonos con los diseños de las criaturas, especialmente en la Saga de Osaka, con una gran galería de monstruos inspirados en la mitología nipona diseñados de forma realista y dibujados minuciosamente. Oku también fue pionero en el dibujo por ordenador, realizando elementos mecánicos (desde armas, algunos vehículos hasta robots gigantes y colosales naves) y alienígenas mediante herramientas CGI. Esto es útil para quitar carga de trabajo y, en líneas generales, están bien integrados; además, le da un toque más extraño si cabe a muchos monstruos. No todo es perfecto, ya que en ocasiones la escala se le va (como cuando la niña extraterrestre abraza a Tae).
La forma de narrar de Oku hace que muchas páginas tengan tres o cuatro viñetas, consiguiendo dar un ritmo alto y fluido a la lectura, y facilitando del goce visual de muchas de sus fantásticas ilustraciones (suyas y de su equipo). Esto tiene el efecto secundario de que en ocasiones se eche en falta viñetas para entender bien lo que pasa, y que también tenga errores de continuidad muy evidentes (personajes que desaparecen y aparecen, un autobús parado que se acerca a los personajes en vez de hacerlo al revés, cadáveres gigantes que se esfuman...); pienso que en ocasiones lo hace para no saturar con elementos, pero en otras parece que sea por desgana u olvido.
La edición de la que he disfrutado es el formato Maximun de Panini, enormes tomos de 15 × 21 cm. de unas 450 páginas de media, la mayoría de ellas dedicadas al cómic, pero en gran parte de los 18 volúmenes que completan la colección se incluye una entrevista al autor que aporta datos de interés. El trabajo que realizó Panini es muy bueno en términos generales, aunque en mi caso algunos tomos tienen errores de imprenta en el guillotinado (páginas pegadas por la parte superior) y uno especialmente molesto en el tomo 17, con un capítulo (el 360) que se repite y, peor aún, la ausencia de al menos otro (diría que uno y medio). La traducción por parte de Marc Bernabé es más que correcta, pero se echa en falta que traduzcan las onomatopeyas, puesto cuando no hay referencias uno no sabe qué sonido puede ser ni su procedencia. El precio de salida fue de 15€, subiendo a 16,95 en la reedición.
He de decir que muchos de los prejuicios que tenía sobre el magnum opus de Hiroya Oku han caído a medida que iba leyendo. Sin duda, como he anotado previamente, los elementos morbosos y sensacionalistas están siempre ahí en mayor o menor medida, pero detrás de cada personaje se muestra o entreve una historia (aunque los que aparecen en los tomos finales son más planos), más de una muy dramática y con una evolución más que interesante (vuelvo a destacar la relación entre Kei y Tae, que me parece maravillosa), la historia capta el interés del lector y a medida que nuevas tramas se van sumando y ensanchándose el mundo que nos muestra sube todavía más su atractivo, teniendo tomos realmente brillantes, con muchas intensas batallas pero también con otros hermosos pasajes y también angustiosos y hasta terroríficos. Son tantos los buenos momentos que hasta se le perdonan las incoherencias (en ocasiones incomprensibles por inverosímiles) que surgen, lo que se perdona menos es un final que te deja plof por lo forzado que es el encuentro* entre los protagonistas (un desenlace del que Oku confiesa no sentirse totalmente satisfecho... lo raro sería lo contrario).
He de decir que muchos de los prejuicios que tenía sobre el magnum opus de Hiroya Oku han caído a medida que iba leyendo. Sin duda, como he anotado previamente, los elementos morbosos y sensacionalistas están siempre ahí en mayor o menor medida, pero detrás de cada personaje se muestra o entreve una historia (aunque los que aparecen en los tomos finales son más planos), más de una muy dramática y con una evolución más que interesante (vuelvo a destacar la relación entre Kei y Tae, que me parece maravillosa), la historia capta el interés del lector y a medida que nuevas tramas se van sumando y ensanchándose el mundo que nos muestra sube todavía más su atractivo, teniendo tomos realmente brillantes, con muchas intensas batallas pero también con otros hermosos pasajes y también angustiosos y hasta terroríficos. Son tantos los buenos momentos que hasta se le perdonan las incoherencias (en ocasiones incomprensibles por inverosímiles) que surgen, lo que se perdona menos es un final que te deja plof por lo forzado que es el encuentro* entre los protagonistas (un desenlace del que Oku confiesa no sentirse totalmente satisfecho... lo raro sería lo contrario).
LO MEJOR:
-Que es una lectura muy entretenida, tiene momentos de todo tipo, desde tensos a emocionantes, pasando a dulces, tristes y románticos, angustiosos y terroríficos.
-El dibujo de Oku es superlativo (me recuerda a otro genial mangaka: Masakazu Katsura).
-Que no es solo violencia y sexo.
-La evolución de los personajes es notable, un gusto verlos crecer.
LO PEOR:
-El final, muy forzado y nada creíble el reencuentro tal y como está contado.
-Alguna que otra incongruencia, los errores de continuidad.
-Esa homofobia aparente.
-Los personajes que aparecen en los últimos tomos apenas tienen desarrollo, careciendo del carisma de los anteriores.
-Que las onomatopeyas no estén traducidas.
-Que es una lectura muy entretenida, tiene momentos de todo tipo, desde tensos a emocionantes, pasando a dulces, tristes y románticos, angustiosos y terroríficos.
-El dibujo de Oku es superlativo (me recuerda a otro genial mangaka: Masakazu Katsura).
-Que no es solo violencia y sexo.
-La evolución de los personajes es notable, un gusto verlos crecer.
LO PEOR:
-El final, muy forzado y nada creíble el reencuentro tal y como está contado.
-Alguna que otra incongruencia, los errores de continuidad.
-Esa homofobia aparente.
-Los personajes que aparecen en los últimos tomos apenas tienen desarrollo, careciendo del carisma de los anteriores.
-Que las onomatopeyas no estén traducidas.
Como una película de Hollywood:
Con Gantz Oku quería emular, e incluso ir más allá, el cine estadounidense, creando una superproducción en papel. Su gusto por el cine espectáculo se ve reflejado a lo largo y ancho de la obra, con referencias cinematográficas, veladas o no, como la cartelería, ciertos
personajes (no sé si pediría permiso a los representados, porque es que son idénticos) o incluso los mismos protagonistas citando filmes varios.
Más manga de ciencia ficción:
Más manga de ciencia ficción:
*¿De
verdad, Oku, te pareció buena idea dejar a la deriva durante más de dos
días a Kurono y Kato y que decenas de personas (y helicópteros) fuesen
corriendo (los helicópteros volando, pues carecen de piernas) a su encuentro cuando las corrientes los arrastraron a la
orilla? ¿No había equipos de rescate disponibles? ¿Cómo es que llegan
los helicópteros y la gente a la vez? ¿De verdad que Tae no pudo ponerse
al menos unos pantalones en esos dos días que pasan?





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