Los Estados Unidos llevan años enfrascados en una guerra civil, Lee y Joel planean dirigirse a Washington D.C. para entrevistar al mismísimo presidente, y a ellos se unen el veterano Sammy y la joven aspirante a fotoperiodista Jessie.
Alex Garland es bien conocido por sus guiones en películas de corte fantástico, como 28 días después o Dredd (de la que se dice que también tomó las riendas de la dirección), y desde que estrenara la impactante Ex Machina también ha logrado generar expectación con cada uno de sus trabajos tras las cámaras. Eso también pasó con Civil War (ídem, 2024), la primera gran producción de A24, de la que se habló largo tiempo antes de su puesta de largo, generando mayores esperanzas con cada nueva imagen o afiche que se publicaba.
Viendo la, en apariencia, imparable y creciente polarización, lo que nos propone Garland con su cuarta película como director es harto verosímil. El país más rico del mundo, líder y faro de Occidente, inmerso en un conflicto fratricida de consecuencias devastadoras. El motivo del mismo no es explicado en ningún momento, solo se atisban algunas respuestas a través de los diálogos, centrándose en las repercusiones y mostrándolas por medio de un grupo de reporteros, quienes inician una peligrosa ruta para conseguir una exclusiva.
En gran medida la historia es más cercana a la más novata del grupo, es en ella donde más se verá reflejado el espectador porque, junto ella, al fin y al cabo también somos los fotoperiodistas bisoños, quienes se adentran en el horror y el sinsentido por vez primera y quienes más debemos asimilar. Y como si fuéramos periodistas vemos la acción, la mirada está exenta (o casi) de juicio, limitándose a mostrar para que cada uno haga su propia valoración.
Kirsten Dunst (Melancolía) y Cailei Spaeny (Alien: Romulus) son las dos caras de la misma moneda. La primera encarna a la experiencia, una fotógrafa curtida en mil conflictos, con muchos horrores capturados que hacen mella en su ánimo; mientras que la segunda es la inexperiencia, la osadía inconsciente (o la ingenuidad) que se quiere comer el mundo y llegar a ser tan grande como sus heroínas. Por otro lado, Wagner Moura (El agente secreto) encarna al periodista lanzado, pero aunque no se ahonde mucho en su psicología y antecedentes, los tragos que le da al alcohol y lo que fuma dan una idea de que su excitación no es solo de emoción, consciente que es de los riesgos que corren. Completa el cuarteto el personaje interpretado por Stephen Henderson (Dune), el más veterano de todos, incapaz de retirarse hacia territorios más tranquilos a pesar de saber (y sus compañeros no dejan de recordárselo) que físicamente no está en condiciones para realizar tan peligrosa travesía.
Con Civil War Alex Garland nos muestra un creíble escenario, a la par de ser un reflejo de la inquietud con la que vivimos desde hace unos años. No hace falta que nos explique el porqué del estallido de la guerra, todos nos lo podemos imaginar, pero es un buen recordatorio de la fragilidad de las democracias actuales, con la extrema derecha subiendo como la espuma y surgiendo personajes autoritarios en el mundo de la política, alcanzando muchos de ellos el poder e incluso afirmando que si no llegan a él correrá la sangre. Hacen falta más películas como esta.
Alex Garland es bien conocido por sus guiones en películas de corte fantástico, como 28 días después o Dredd (de la que se dice que también tomó las riendas de la dirección), y desde que estrenara la impactante Ex Machina también ha logrado generar expectación con cada uno de sus trabajos tras las cámaras. Eso también pasó con Civil War (ídem, 2024), la primera gran producción de A24, de la que se habló largo tiempo antes de su puesta de largo, generando mayores esperanzas con cada nueva imagen o afiche que se publicaba.
Viendo la, en apariencia, imparable y creciente polarización, lo que nos propone Garland con su cuarta película como director es harto verosímil. El país más rico del mundo, líder y faro de Occidente, inmerso en un conflicto fratricida de consecuencias devastadoras. El motivo del mismo no es explicado en ningún momento, solo se atisban algunas respuestas a través de los diálogos, centrándose en las repercusiones y mostrándolas por medio de un grupo de reporteros, quienes inician una peligrosa ruta para conseguir una exclusiva.
En gran medida la historia es más cercana a la más novata del grupo, es en ella donde más se verá reflejado el espectador porque, junto ella, al fin y al cabo también somos los fotoperiodistas bisoños, quienes se adentran en el horror y el sinsentido por vez primera y quienes más debemos asimilar. Y como si fuéramos periodistas vemos la acción, la mirada está exenta (o casi) de juicio, limitándose a mostrar para que cada uno haga su propia valoración.
Kirsten Dunst (Melancolía) y Cailei Spaeny (Alien: Romulus) son las dos caras de la misma moneda. La primera encarna a la experiencia, una fotógrafa curtida en mil conflictos, con muchos horrores capturados que hacen mella en su ánimo; mientras que la segunda es la inexperiencia, la osadía inconsciente (o la ingenuidad) que se quiere comer el mundo y llegar a ser tan grande como sus heroínas. Por otro lado, Wagner Moura (El agente secreto) encarna al periodista lanzado, pero aunque no se ahonde mucho en su psicología y antecedentes, los tragos que le da al alcohol y lo que fuma dan una idea de que su excitación no es solo de emoción, consciente que es de los riesgos que corren. Completa el cuarteto el personaje interpretado por Stephen Henderson (Dune), el más veterano de todos, incapaz de retirarse hacia territorios más tranquilos a pesar de saber (y sus compañeros no dejan de recordárselo) que físicamente no está en condiciones para realizar tan peligrosa travesía.
Con Civil War Alex Garland nos muestra un creíble escenario, a la par de ser un reflejo de la inquietud con la que vivimos desde hace unos años. No hace falta que nos explique el porqué del estallido de la guerra, todos nos lo podemos imaginar, pero es un buen recordatorio de la fragilidad de las democracias actuales, con la extrema derecha subiendo como la espuma y surgiendo personajes autoritarios en el mundo de la política, alcanzando muchos de ellos el poder e incluso afirmando que si no llegan a él correrá la sangre. Hacen falta más películas como esta.
LO MEJOR:
-Estupendo guion, dirección y fotografía.
-El momento en el que se encuentran con el personaje de Jesse Plemons, el auténtico punto de giro, cuando la historia gana en intensidad y dramatismo.
-Un escueto pero gran reparto.
LO PEOR:
-Quizás un ritmo algo irregular en su primera mitad.
¿Quién debería verla?
A cualquiera que le gusten las buenas historias.
¿Y quién no?
-Estupendo guion, dirección y fotografía.
-El momento en el que se encuentran con el personaje de Jesse Plemons, el auténtico punto de giro, cuando la historia gana en intensidad y dramatismo.
-Un escueto pero gran reparto.
LO PEOR:
-Quizás un ritmo algo irregular en su primera mitad.
¿Quién debería verla?
A cualquiera que le gusten las buenas historias.
¿Y quién no?
Si imaginarte el escenario que nos propone el cineasta británico hace que no puedas dormir.
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