Nos encontramos en un futuro cercano, Frank vive solo en su casa en mitad del campo, su hijo viaja cada semana durante diez horas para visitarlo sin mucho agradecimiento por parte de su progenitor, preocupado por la memoria cada vez más voluble de éste, y con pocas ganas de gastar su escaso tiempo libre, le regala un robot asistente para que le ayude en las tareas y de paso mejore su capacidad cognitiva. Frank muestra su rechazo al principio, no quiere ninguna ayuda porque él se las apaña muy bien solo, pero poco a poco se da cuenta de que el autómata puede ser no solo una buena compañía, sino útil para repetir hazañas de juventud.
Un amigo para Frank (Robot & Frank, 2012) es una de esas películas que pasan por la cartelera sin hacer mucho ruido, pero que raramente desagrada a todo aquel que se pasa a verla, para finalmente el boca-oreja hacer que tenga cierto éxito. Las claves de que esto sea así son varias, pero si tenemos que elegir la principal prácticamente todo el mundo no dudaría en señalar a su protagonista, Frank Langella, cuya interpretación del bueno de Frank, ese hombre de memoria decadente que no es consciente de ello, es sensacional. Y es que su personaje es entrañable, cascarrabias, atento, egoísta, osado y generoso, ningún rasgo claramente exagerado, sin cabidas para las estridencias, sin sobreactuaciones, pues la economía de gestos del protagonista de El desafío - Frost contra Nixon o Lolita, no es tacaña, pero tampoco en exceso generosa.