Thomas y compañía son acogidos en una especie de fortaleza con amplias sonrisas pero pocas respuestas. Como es habitual el inquieto Thomas se huele que algo no cuadra y termina por descubrir que sus rescatadores no son lo que pretenden aparentar y que el laberinto fue un juego de niños en comparación a lo que les espera en el mundo exterior.
El debut en el largometraje de Wes Ball no me entusiasmó mucho aunque sí que me entretuvo, por lo que El corredor del laberinto: Las pruebas (Maze Runner: The Scorch Trials, 2015) no era un film que esperara con especial interés. No obstante, los avances que tuve la oportunidad de contemplar me generaban una mayor curiosidad que la primera entrega y vaticinaba que podría ser un entretenimiento que no desmereciera.
















































