Nick es un militar que, entre misión y misión, les gusta asaltar tumbas y vender las reliquias al mejor postor. Pero en esta ocasión terminará en el sepulcro equivocado, ya que será elegido por Ahmanet para ser el “contenedor” en carne y hueso del malvado dios Seth.
Había cierto interés por el estreno de La momia (The Mummy, 2017), no tanto por la película en sí, sino por tratarse de la primera piedra del Dark Universe de Universal, que unirá en un mismo universo cinematográfico a los míticos monstruos clásicos de la compañía (como ya hiciera en su momento en algunas películas, aunque está claro que el plan actual es más ambicioso). Un servidor no puede negar que también tenía curiosidad, así que a pesar de las malas críticas que le estaban cayendo a la película dirigida por Alex Kurtzman (más conocido en su faceta como guionista, en filmes como Star Trek o series como Fringe) y escrita por David Koepp, Dylan Kussman y Christopher McQuarrie (que se ve que es el guionista -y realizador- de confianza de Cruise últimamente), me dirigí a una sala para comprobar por mí mismo si se trataba de una historia flojilla o quizá una de esas películas despreciadas sin mucho fundamento.



















