Ghost in the Shell: El alma de la máquina (
Ghost in the Shell, 2017) era probablemente uno de esos proyectos tan esperados como temidos. Esperados porque siempre (o casi) gusta ver trasladadas a imagen real aquellas historias que han resultado paradigmáticas, que han impactado y creado culto a su alrededor, como así ha pasado con el manga de Masamune Shirow y, sobre todo, con la adaptación que del mismo hizo Mamoru Oshii, que dejó pasmado a todo
diox a mediados de los años noventa; y temidos porque no sería la primera vez que partiendo de un material con mucha enjundia,
Hollywood o aledaños perpetraran una esperpento que nada tiene que ver con el material original.
Nos encontramos en un futuro próximo, las mejoras cibernéticas son algo cada vez más común y todo el mundo parece querer llevar una ampliación de memoria, un hígado electrónico o unos ojos artificiales. La Mayor es una ciborg completa, solo conserva su cerebro y fantasmas como recuerdos, su cuerpo pertenece a una poderosa empresa y a la Sección 9, un grupo de élite que lucha contra el terrorismo cibernético.