Cole Young, un luchador en horas bajas con una curiosa marca de nacimiento en forma de dragón, pelea por cuatro perras y se encuentra un tanto perdido en lo personal a pesar de tener a una hermosa esposa y una cariñosa hija. Cierto día se encuentra con un fortachón veterano de guerra que le echa el ojo, el cual le salva de las garras de Sub-Zero. Es entonces cuando tiene conocimiento de que su marca no es una simple mancha, sino que la tienen aquellos elegidos para participar en el torneo Mortal Kombat, donde se derrimirá el destino de la Tierra, ya que si sus luchadores pierden frente al temible Reino Exterior, todo el planeta, junto con sus habitantes, caerán en sus manos.
Aunque ahora tiene un cierto halo de película de culto, no nos vamos a engañar, tanto en el momento de su estreno como en la actualidad, la adaptación del videojuego creado por Ed Boon y John Tobias que pertrechó Paul W.S. Anderson a mediados de los noventa era tirando a cutre (y no hablemos ya de las secuelas). Esta nueva adaptación, que tampoco es que sea de serie A pero se nota que ha contado con más medios, dirigida por el debutante Simon McQuoid, tenía una pinta bastante decente ya en sus avances, y la verdad es que se me apetecía ver como se daban mamporros tíos (y seres sobrenaturales) cachas.
Aunque ahora tiene un cierto halo de película de culto, no nos vamos a engañar, tanto en el momento de su estreno como en la actualidad, la adaptación del videojuego creado por Ed Boon y John Tobias que pertrechó Paul W.S. Anderson a mediados de los noventa era tirando a cutre (y no hablemos ya de las secuelas). Esta nueva adaptación, que tampoco es que sea de serie A pero se nota que ha contado con más medios, dirigida por el debutante Simon McQuoid, tenía una pinta bastante decente ya en sus avances, y la verdad es que se me apetecía ver como se daban mamporros tíos (y seres sobrenaturales) cachas.

















































