Hay obras a las que uno se acerca con tanto entusiasmo como con respeto e incluso temor. Se trata de películas, series, cómics o libros que llevas ansiando mucho tiempo o cuya publicación sea algo muy inaudito e inesperado (aunque probablemente deseado). Esto último puede ser el caso de Cómo piensan los niños y otros recuerdos de mi vida, un libro que no trata sobre Hayao Miyazaki, no es un ensayo de un autor patrio o extranjero sobre el cineasta, su filmografía o uno de sus largometrajes, sino de un libro escrito por él mismo.
Desde su inesperado anuncio, por tanto, se convirtió en un volumen muy ansiado, y cuando lo tuve en mis manos no dudé en saltarme la lista de lecturas (tengo no pocos ensayos relacionados con Ghibli a la espera de ser leídos) y zambullirme en sus páginas rápidamente.
Desde su inesperado anuncio, por tanto, se convirtió en un volumen muy ansiado, y cuando lo tuve en mis manos no dudé en saltarme la lista de lecturas (tengo no pocos ensayos relacionados con Ghibli a la espera de ser leídos) y zambullirme en sus páginas rápidamente.

















































