Maquia es una iorph, una raza cuya longevidad es tal que a ojos de los humanos son inmortales. Viven separados del resto del mundo tejiendo historias en un inmenso telar (hibiol), pero la aparente paz de Maquia y todos los iorph pronto se desvanece ante la invasión de un poderoso y ambicioso reino, escapando Maquia por puro azar, terminando sola en una tierra que no conoce.
Dio la casualidad que Maquia: Una historia de amor inmortal (Sayonara no Asa ni Yakusoku no Hana o Kazaro, 2018) se estrenó un fin de semana que me iba a ser imposible ir a verla, así que pocas esperanzas me quedaban de poder visionarla, y por lo poco que había visto y leído sobre ella era una auténtica pena no hacerlo. Pero hubo un poco de suerte, ya que muchas salas la mantuvieron unos días más, aunque con poquísimas sesiones y la mayoría matinales, lo cual personalmente no me importaba, pero seguro que eso no ayudó mucho a que acudiera una masa muy grande de espectadores a visionarla.

















































